Esta historia es la de un viajero como nosotros que decide, después de muchos años, emprender el viaje más importante de todos: encontrarse consigo mismo.
Puede que esta historia os resulte amarga, incluso angustiosa por nuestra condición de hombres casados. Pero yo creo que en realidad es una historia liberadora.
Después de muchos años de matrimonio, cuando ya ha cumplido los 56 años, nuestro amigo decide que no puede seguir viviendo de espaldas a una parte fundamental de sí mismo. Durante décadas ha compartido su vida con su esposa, ha construido una familia y ha mantenido una apariencia de normalidad. Pero llega un momento en que ya no puede aguantar más y decide hablar con ella sobre su verdad.
Le cuenta a su mujer algo que, para él, ha permanecido demasiado tiempo en silencio, le gustan los hombres.
La reacción de ella le sorprende. No hay un rechazo inmediato ni una ruptura. Al contrario, acepta lo que su marido le está contando. Incluso acuerdan, a petición de ella, mantener el matrimonio de cara al exterior. Seguirán siendo una pareja para sus hijas, para la familia y para los amigos. Una especie de pacto para proteger una vida construida durante tantos años.
Pero aceptar una verdad no significa necesariamente saber convivir con ella.
Él interpreta aquella aceptación como la posibilidad de comenzar una nueva etapa. Empieza a relacionarse con otros hombres, conoce gente nueva y, poco a poco, descubre una vida que hasta entonces había permanecido escondida.
Algunos fines de semana sale con sus nuevos amigos, busca relaciones y empieza a experimentar una libertad que nunca había tenido. Incluso se atreve a pasar unos días inmerso en el ambiente gay de Torremolinos, donde descubre algo que quizá necesitaba comprobar por sí mismo. Existe una normalidad en una vida gay, que se puede compartir, conversar, viajar, reír y disfrutar sin que todo tenga que girar necesariamente alrededor del deseo sexual. Cree que está comenzando una nueva vida.
Pero mientras él siente que, por fin, puede empezar a ser quien realmente es, su mujer comienza a vivir aquella situación de una manera muy diferente. Lo que al principio parecía tolerable se convierte poco a poco en algo insoportable para ella. El pacto matrimonial que habían establecido empieza a resquebrajarse.
Pasa aproximadamente un año y la convivencia se vuelve cada vez más difícil. Los reproches, la tensión y el resentimiento ocupan el lugar de aquella aceptación inicial. Lo que para él representa libertad, para ella se convierte en una herida que no deja de abrirse.
La situación llega a extremos dolorosos. Ella llega incluso a desearle que muera, incapaz de soportar que su marido se marche algunos fines de semana para encontrarse con otros hombres.
El matrimonio que pretendía mantenerse como una fachada para proteger a la familia acaba convirtiéndose en una convivencia marcada por el sufrimiento. Finalmente, él entiende que ya no puede continuar allí.
No se marcha porque haya dejado de importarle su familia. Se marcha porque quedarse significa seguir viviendo una vida que ya no puede sostener y, quizá, continuar haciéndose daño los dos.
Ahora, cumplidos los 57 años, tiene que enfrentarse a una decisión que probablemente debió tomar muchos años antes, empezar de nuevo. Este mes de septiembre se irá de casa.
No sabe exactamente qué encontrará al otro lado. No sabe si el amigo que ha conocido y que tanto le ha ilusionado permanecerá en su vida. O si encontrará nuevas relaciones, nuevas amistades, nuevos lugares y nuevas experiencias. También habrá, seguramente, momentos de soledad y muchas dudas. Después de tantos años de matrimonio, comenzar una vida diferente no puede ser sencillo.
Pero hay viajes que no comienzan cuando uno hace una maleta. Comienzan mucho antes, el día en que uno se atreve, por fin, a reconocer quién es. Y este hombre está a punto de emprender el mayor viaje de su vida.
Como veis, cada uno tenemos nuestra propia historia y cada uno la vivimos de una manera diferente. No hay dos viajes iguales, ni dos formas iguales de encontrarnos a nosotros mismos. Lo importante es que, tarde o temprano, tengamos el valor de emprender nuestro propio viaje.
Suerte, amigo. Te deseo de corazón que encuentres aquello que llevas tantos años buscando. Que esta nueva etapa te permita vivir sin miedo, sin disfraces y con la libertad de ser tú mismo.
Un abrazo desde el alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por compartir este viaje