martes, 14 de abril de 2026

MÁS ALLÁ DE LOS RUMORES


Algunos me habéis preguntado por un libro que está causando más revuelo fuera de España que aquí, al menos por ahora. En él, el autor habla sobre la bisexualidad de un hombre muy importante. No pretendo entrar ni en el libro, ni en los personajes famosos que cita, ni en el autor. Sinceramente, creo que la vida privada de los demás merece respeto. Solo diré que no me sorprende: es un tema del que llevo oyendo desde mi época universitaria, allá por los ochenta del siglo pasado. Que uno ya tiene su edad.


Lo interesante, en realidad, es otra cosa.


La bisexualidad en los hombres es mucho más común de lo que parece, aunque durante mucho tiempo haya sido un tema del que apenas se hablaba. Y es bastante simple: un hombre puede sentirse atraído tanto por otros hombres como por mujeres. Sin más.


El problema viene con los mitos de siempre. Eso de que estamos confundidos o que es una fase… nada que ver. Es simplemente una forma de ser y de sentir, igual que para otros lo es ser hetero o gay.


Muchas veces no se cuenta abiertamente, no por falta de claridad, sino por respeto o por evitar juicios. Porque todavía hay quien lo ve como un “vicio” o algo que no entiende. Y eso, claro, complica las cosas y hace que a veces lleguen críticas desde distintos lados.


Por suerte, cada vez se habla más y con más naturalidad. Y eso ayuda. Entender que cada persona vive su sexualidad a su manera es clave para ir dejando atrás etiquetas y prejuicios.


Al final, todo es mucho más sencillo de lo que parece: se trata de sentir, de conectar y de querer a quien te nace, sin tener que encajar en una sola caja.


A mí me hace sentir libre. ¿Y a ti?


Generada por IA



viernes, 20 de marzo de 2026

SEGUIR MIRANDO... PERO SIN DECIRLO


Estos días he leído una entrevista al escritor valenciano Máximo Huerta en un periódico español. Su obra se caracteriza por una prosa íntima y accesible que explora las emociones cotidianas, la memoria y las relaciones humanas con sensibilidad y tono confesional.


La entrevista es muy interesante, con un titular que te atrapa: “El fútbol es homoerótico, igual que el rito de vestir al torero. No me creo que ahí haya tanto hetero”. Y, sinceramente, cuesta no darle la razón.


Porque quizá el problema no es el fútbol, ni los toros, ni los vestuarios. El problema es la necesidad casi obsesiva de algunos hombres de reafirmarse como muy heterosexuales mientras consumen, sin cuestionarlo, una estética profundamente centrada en el cuerpo masculino.


Ahí están los partidos deportivos. Cámaras que recorren muslos tensos, primeros planos de cuerpos sudados, celebraciones donde los abrazos son más largos de lo necesario y los gestos más intensos de lo que exige el juego. Y, sin embargo, todo queda blindado bajo una coartada incuestionable, el deporte.


Ahí está también el rito del torero. El traje que no oculta, sino que subraya, que dibuja cada línea del cuerpo con una precisión casi escultórica. Un espectáculo donde la mirada, también la masculina, no solo observa el valor, sino la forma en que ese valor se encarna.


Luego están los vestuarios. Ese territorio ambiguo donde la desnudez convive con una especie de pacto tácito de ceguera selectiva. Siempre me ha llamado la atención ese fenómeno con hombres que, sin necesidad real, se quedan, conversan, alargan su presencia mientras otros se duchan o se cambian. Como si hubiera algo en ese espacio y en esa exposición del cuerpo, que atrae, aunque no se nombre.


Y si salimos de esos espacios codificados, la escena no desaparece, simplemente se desplaza. Basta con observar lo que ocurre en la playa. Cuerpos expuestos bajo la excusa del verano, miradas que recorren sin pedir permiso, comparaciones silenciosas, curiosidades que se detienen un segundo más de lo esperado. Pero eso merece su propia reflexión.


No se trata necesariamente de deseo, al menos no en el sentido más evidente. Se trata de algo más incómodo, la evidencia de que la mirada masculina hacia otros hombres no es tan neutra como se pretende. A estas alturas de mi vida, se con certeza que existe una curiosidad, una atención, incluso una fascinación, que desborda las etiquetas simples.


Quizá por eso incomoda tanto admitirlo. Porque reconocer esa dimensión homoerótica no obliga a redefinir la orientación de nadie, pero sí a cuestionar una idea muy rígida de lo que significa ser hombre. Y ahí es donde muchos prefieren no mirar demasiado.


O, mejor dicho, seguir mirando… pero sin decirlo.


fotografía: xtudr images

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sábado, 31 de enero de 2026

DESCUBRIRSE BISEXUAL A LOS CINCUENTA


Descubrir la bisexualidad a los cincuenta años puede ser muy desconcertante si antes nunca has sentido atracción sexual por un hombre. 


No llegó como la confirmación de algo sabido, sino como una irrupción inesperada, algo nuevo que no encajaba con la historia que tenía de mí mismo. Nunca fue una fantasía constante ni un deseo antiguo reprimido. Fue una experiencia concreta la que abrió una puerta que yo no sabía que existía.


Amo a mi mujer. La amo con la certeza que dan los años compartidos, las decisiones tomadas juntos, la intimidad construida con tiempo y cuidado. Ese amor es real y no se ha debilitado. Pero comprender esta nueva parte de mí ha cambiado la forma en que me miro y me pregunto quién soy.


La intimidad con un hombre no fue solo sexual, ni siquiera fue solo deseo. Fue sorpresa. Fue reconocimiento. Fue descubrir una respuesta en mi cuerpo que nunca antes se había manifestado. Y eso me obligó a aceptar que la identidad no siempre se revela de manera determinada.


Lo más difícil no ha sido aceptar lo que siento, sino convivir con la contradicción aparente de amar profundamente a mi mujer y, al mismo tiempo, haber despertado a una dimensión desconocida de mí mismo. 


No llego tarde a esta verdad. Llego cuando pudo aparecer. Pero llegar ahora implica responsabilidad, cuidado y silencio interior. Implica preguntarme cómo integrar lo que soy sin negar lo que he sido, y cómo ser honesto sin convertir esa honestidad en una herida para quien amo.


No busco justificar nada. Busco comprender. Busco una forma de no dividirme, de no vivir como si una parte de mí fuera un error, y de encontrar un camino donde la verdad no sea una amenaza, sino una posibilidad de vivir con más conciencia.




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lunes, 26 de enero de 2026

DESNUDO ANTE EL FRÍO




Hace tanto frío este mes en España que hasta el ánimo parece encogerse. Nieve, rachas de viento que barren las calles y unas ganas constantes de quedarse en casa al calor de una buena calefacción.


Ahora, sentado delante del ordenador, me vienen a la mente aquellas fotografías que hemos visto otras veces. Hombres desnudos caminando sobre la nieve o sobre aguas congeladas. Basta mirarlas para sentir cómo el frío se instala en el cuerpo. Y, aun así, hay algo que atrae. Tal vez porque debe de ser una experiencia única respirar ese aire blanco que quema la piel y, al mismo tiempo, despierta por dentro, activando la sangre como un recordatorio de estar vivo.




Imagino el frío envolviendo el cuerpo como una segunda piel. Una piel que aprende deprisa, un frío que enseña sin necesidad de palabras. No existen distracciones. Solo el latido, el aliento convertido en vapor, la frontera exacta entre resistir y entregarse. Un diálogo extraño, casi íntimo, con el invierno.


Solo entonces se comprende que no todos se desnudan del mismo modo. Algunos se desprenden de la ropa, otros, del miedo. Y en ese paisaje helado, el frío deja de ser enemigo para convertirse en un juez silencioso que termina por igualar a todos.


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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará

MÁS ALLÁ DE LOS RUMORES

Algunos me habéis preguntado por un libro que está causando más revuelo fuera de España que aquí, al menos por ahora. En él, el autor habla ...