lunes, 17 de agosto de 2026

DÍAS DE AGOSTO


Hay momentos en los que toca desconectar unos días, vaciarse por dentro y soltar todo aquello que pesa, lo malo, lo negativo. La brisa del mar recargará mi cuerpo y el aire de la sierra revitalizará mi alma.


Unos días para respirar, resetear y volver con las pilas cargadas. Nos vemos pronto.




EL DORÍFORO Y LA BELLEZA DE CADA CUERPO


Recuerdo que un día, hojeando una de las enciclopedias que teníamos en casa, encontré una fotografía a todo color del Doríforo de Policleto. Estaba pegada a toda página como un cromo de coleccionable. 


Me quedé prendado de aquella escultura. Me fascinaban sus proporciones, el equilibrio de la figura, la armonía entre cada una de sus partes. Aquel cuerpo parecía responder a un canon de perfección cuidadosamente pensado. Era, para mí, la representación de un cuerpo masculino perfecto.


Años después tuve la oportunidad de contemplarlo frente a mí. Y la sensación fue todavía más intensa. Una cosa es contemplar una fotografía en una enciclopedia y otra encontrarte delante de la escultura, observar sus dimensiones, su postura, la musculatura, el equilibrio del cuerpo y todos esos detalles que una fotografía apenas puede transmitir.


Doríforo de PompeyaMuseo Arqueológico Nacional de Nápoles (MANN)




Pero hoy miro de otra manera. Quizá porque con los años he aprendido que la belleza no tiene por qué ajustarse a un canon.


Ahora, cuando estoy en una playa nudista, también miro. Pero no busco el cuerpo perfecto, ni las proporciones ideales, ni la musculatura exacta, ni la juventud que durante tantos siglos hemos asociado a la belleza masculina.


Me gusta contemplar la belleza personal de cada uno. Un cuerpo grande, pequeño, delgado, musculoso, envejecido, con cicatrices, con barriga, con arrugas… Cada cuerpo tiene su propia historia. Y quizá precisamente ahí está su belleza.


En una playa nudista desaparece buena parte de aquello que utilizamos para construir nuestra imagen ante los demás. No hay ropa que oculte, pero tampoco debería haber necesidad de esconderse. Los cuerpos aparecen tal como son, diferentes entre sí, imperfectos y, precisamente por eso, auténticos.


Y entonces pienso en el Doríforo. Durante siglos hemos buscado el cuerpo ideal. Hemos establecido cánones, proporciones y modelos de belleza. Pero la vida real nunca ha sido una escultura de mármol. La vida está hecha de cuerpos diferentes. Y hoy me interesa mucho más esa diversidad.


Ahora puedo contemplar un cuerpo sin preguntarme si cumple un canon de belleza. Puedo encontrar atractivo en una mirada, en una sonrisa, en una manera de caminar, en la naturalidad con la que alguien se muestra, en la seguridad o incluso en la vulnerabilidad que transmite.

Varias personas practican nudismo en una playa catalana. Federació Naturista-Nudista de Catalunya.


Quizá ese sea también otro aprendizaje de mi propio viaje. De estudiante me fascinaba el cuerpo perfecto del Doríforo. Hoy me fascinan los cuerpos imperfectamente perfectos de las personas reales.


Posiblemente entre una cosa y otra haya ocurrido algo mucho más importante, he aprendido que la belleza no está únicamente en aquello que se ajusta a un modelo. Está también en aquello que nos hace únicos. Porque el verdadero canon de belleza no es un cuerpo perfecto. Es sentirse bien dentro del cuerpo que tenemos y permitir que los demás también puedan sentirse bien dentro del suyo.



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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará





domingo, 16 de agosto de 2026

EL ARTE COMO CAMINO DE DESCUBRIMIENTO


Cuando hablo de descubrimiento no me refiero solamente a descubrir artistas, obras, estilos o épocas. Hablo de descubrirnos a nosotros mismos a través de aquello que contemplamos.


Desde niño he sentido una atracción especial por el arte. La pintura, la escultura, la música, la lectura… Siempre ha habido algo en esas expresiones artísticas que me atrapaba.


Cuando hojeaba los libros de Historia del Arte o preparaba algún trabajo para clase, aparecían ante mí desnudos integrados en pinturas épicas, escenas mitológicas y representaciones de la vida cotidiana. Recuerdo que me atraía contemplar aquellos cuerpos, tanto de hombres como de mujeres, desnudos y mostrados sin pudor, como algo completamente natural.


El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, pintada hacia 1485 y conservada en la Galería de los Uffizi de Florencia


Estoy casi seguro de que, sin saberlo, mi mente se estaba formando también en esa naturalidad ante el cuerpo desnudo. No había nada extraño en ello. Un cuerpo desnudo era simplemente un cuerpo desnudo. Una parte más de la obra de arte.


Más tarde, cuando empecé a visitar museos, aquella fascinación aumentó. Podía quedarme contemplando durante mucho tiempo una pintura o una escultura, fijándome en cada detalle, la postura, la musculatura, las proporciones, los pliegues de la piel, la manera en que el artista había conseguido representar el movimiento o la serenidad de un cuerpo. 


Y, sin embargo, durante mucho tiempo nunca pensé que aquello tuviera ninguna relación con mi propia sexualidad. Incluso he discutido muchas veces sobre el cuerpo humano, sobre la belleza del cuerpo masculino frente al femenino, sobre las proporciones, sobre lo que hace que un cuerpo nos parezca bello o armonioso.


Lo hacía desde la curiosidad, desde el interés por el arte, desde la admiración por la capacidad de un artista para representar el cuerpo humano. Nunca pensé que quizá, debajo de todo aquello, también hubiera algo más.


Ahora, mirando las cosas con la perspectiva que me da el tiempo, me pregunto si realmente era así. 


Lo que sí sé es que ahora todo ha cambiado. Hoy puedo mirar hacia atrás y pensar que, sin darme cuenta, estaba sembrando pequeñas semillas. Semillas que permanecieron allí durante años, aparentemente dormidas, mientras yo seguía creciendo, aprendiendo, construyendo mi vida y tratando de entender quién era. Y quizá algunas de aquellas semillas han terminado germinando con el paso del tiempo.


Tal vez por eso hoy puedo contemplar el Doríforo de Policleto, para mi la perfección de un cuerpo en piedra,  de una manera diferente. No solamente como una de las grandes obras de la escultura clásica, ni únicamente como una representación del ideal de belleza masculina, sino también como parte de un viaje personal que comenzó mucho antes de que yo pudiera ponerle nombre.


Doríforo de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (MANN)


Durante años pensé que simplemente estaba mirando arte. Ahora me pregunto si, de alguna manera, también estaba aprendiendo a mirar. A mirar el cuerpo sin culpa, a mirar la belleza sin miedo. Y quizá, sin saberlo, también estaba aprendiendo a mirarme a mí mismo.


El arte puede enseñarnos muchas cosas. Pero quizá una de las más importantes sea enseñarnos a descubrir quiénes somos. Y ese, al fin y al cabo, también es un viaje.


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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará

sábado, 15 de agosto de 2026

EL KALOS KAGATHOS


En las redes sociales parece que todo gira alrededor de la belleza, el cuerpo, la estética, las fotografías, la imagen que proyectamos. Queremos gustar, pertenecer y encajar, y muchas veces terminamos mostrando una versión de nosotros mismos pensada para los demás.


Pero los antiguos griegos tenían un concepto que siempre me ha fascinado, kalos kagathos, la unión de la belleza física con la belleza del alma, de la apariencia con la virtud.


Para los griegos, no bastaba con tener un cuerpo bello. También había que cultivar aquello que no se ve, la curiosidad, la sabiduría, la empatía, la justicia, la bondad y todas esas cualidades que hacen que una persona sea realmente valiosa.


Safo, Eurípides, Platón y Aristóteles, cada uno desde su perspectiva, reflexionaron sobre esa unión entre cuerpo y alma. Incluso muchos de sus mitos nos recuerdan que la belleza exterior, por sí sola, no garantiza la felicidad ni el amor verdadero.


Y quizá ese sea uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. Las redes sociales nos muestran continuamente lo que se ve, pero apenas dejan espacio para aquello que necesita tiempo para descubrirse.


El kalos kagathos nos recuerda que también debemos trabajar nuestra belleza interior. Porque el cuerpo cambia, envejece y deja de ser protagonista, pero aquello que hemos cultivado dentro de nosotros puede acompañarnos durante toda la vida.


Quizá nuestro verdadero viaje no consista únicamente en intentar vernos mejor, sino en intentar ser mejores.


Y eso, aunque no tenga filtros ni consiga tantos «me gusta», también merece ser mostrado.



viernes, 14 de agosto de 2026

EL MAYOR VIAJE DE SU VIDA


Esta historia es la de un viajero como nosotros que decide, después de muchos años, emprender el viaje más importante de todos: encontrarse consigo mismo.


Puede que esta historia os resulte amarga, incluso angustiosa por nuestra condición de hombres casados. Pero yo creo que en realidad es una historia liberadora.


Después de muchos años de matrimonio, cuando ya ha cumplido los 56 años, nuestro amigo decide que no puede seguir viviendo de espaldas a una parte fundamental de sí mismo. Durante décadas ha compartido su vida con su esposa, ha construido una familia y ha mantenido una apariencia de normalidad. Pero llega un momento en que ya no puede aguantar más y decide hablar con ella sobre su verdad.


Le cuenta a su mujer algo que, para él, ha permanecido demasiado tiempo en silencio, le gustan los hombres.


La reacción de ella le sorprende. No hay un rechazo inmediato ni una ruptura. Al contrario, acepta lo que su marido le está contando. Incluso acuerdan, a petición de ella, mantener el matrimonio de cara al exterior. Seguirán siendo una pareja para sus hijas, para la familia y para los amigos. Una especie de pacto para proteger una vida construida durante tantos años.


Pero aceptar una verdad no significa necesariamente saber convivir con ella.


Él interpreta aquella aceptación como la posibilidad de comenzar una nueva etapa. Empieza a relacionarse con otros hombres, conoce gente nueva y, poco a poco, descubre una vida que hasta entonces había permanecido escondida.


Algunos fines de semana sale con sus nuevos amigos, busca relaciones y empieza a experimentar una libertad que nunca había tenido. Incluso se atreve a pasar unos días inmerso en el ambiente gay de Torremolinos, donde descubre algo que quizá necesitaba comprobar por sí mismo.  Existe una normalidad en una vida gay, que se puede compartir, conversar, viajar, reír y disfrutar sin que todo tenga que girar necesariamente alrededor del deseo sexual. Cree que está comenzando una nueva vida.


Pero mientras él siente que, por fin, puede empezar a ser quien realmente es, su mujer comienza a vivir aquella situación de una manera muy diferente. Lo que al principio parecía tolerable se convierte poco a poco en algo insoportable para ella. El pacto matrimonial que habían establecido empieza a resquebrajarse.


Pasa aproximadamente un año y la convivencia se vuelve cada vez más difícil. Los reproches, la tensión y el resentimiento ocupan el lugar de aquella aceptación inicial. Lo que para él representa libertad, para ella se convierte en una herida que no deja de abrirse.


La situación llega a extremos dolorosos. Ella llega incluso a desearle que muera, incapaz de soportar que su marido se marche algunos fines de semana para encontrarse con otros hombres.


El matrimonio que pretendía mantenerse como una fachada para proteger a la familia acaba convirtiéndose en una convivencia marcada por el sufrimiento. Finalmente, él entiende que ya no puede continuar allí.


No se marcha porque haya dejado de importarle su familia. Se marcha porque quedarse significa seguir viviendo una vida que ya no puede sostener y, quizá, continuar haciéndose daño los dos.


Ahora, cumplidos los 57 años, tiene que enfrentarse a una decisión que probablemente debió tomar muchos años antes, empezar de nuevo. Este mes de septiembre se irá de casa.


No sabe exactamente qué encontrará al otro lado. No sabe si el amigo que ha conocido y que tanto le ha ilusionado permanecerá en su vida. O si encontrará nuevas relaciones, nuevas amistades, nuevos lugares y nuevas experiencias. También habrá, seguramente, momentos de soledad y muchas dudas. Después de tantos años de matrimonio, comenzar una vida diferente no puede ser sencillo.


Pero hay viajes que no comienzan cuando uno hace una maleta. Comienzan mucho antes, el día en que uno se atreve, por fin, a reconocer quién es. Y este hombre está a punto de emprender el mayor viaje de su vida.


Como veis, cada uno tenemos nuestra propia historia y cada uno la vivimos de una manera diferente. No hay dos viajes iguales, ni dos formas iguales de encontrarnos a nosotros mismos. Lo importante es que, tarde o temprano, tengamos el valor de emprender nuestro propio viaje.


Suerte, amigo. Te deseo de corazón que encuentres aquello que llevas tantos años buscando. Que esta nueva etapa te permita vivir sin miedo, sin disfraces y con la libertad de ser tú mismo. Un abrazo desde el alma.












miércoles, 5 de agosto de 2026

EN BUSCA DE MI AMIGO EL MAR


La toalla queda atrás, extendida sobre la arena y resguardada bajo la sombra de la sombrilla, como una silenciosa testigo de mi breve ausencia. El murmullo de la playa me acompaña mientras avanzo despacio, sintiendo cómo la arena cálida se desliza entre mis pies. Cada paso parece desprenderme un poco más de las prisas, de las preocupaciones y del ruido que la vida cotidiana acumula en el alma.


Frente a mí, el mar se extiende inmenso, sereno y eterno, invitándome a acercarme. Sus aguas brillan bajo la luz del sol como un manto de cristales en movimiento, y el vaivén de las olas dibuja una melodía antigua que solo el corazón sabe interpretar. Camino hacia la orilla con la emoción de quien se reencuentra con un viejo amigo, uno de esos que nunca juzgan, que siempre esperan y que, con solo su presencia, son capaces de devolver la paz.


Cuando la primera ola alcanza mis pies, siento el fresco de su abrazo y sonrío. Es el saludo de mi amigo el mar, que me recibe con la ternura de sus besos salados y la fuerza serena de su inmensidad. Poco a poco me adentro en sus aguas, dejando que cada ola acaricie mi piel y se lleve consigo el cansancio, las inquietudes y los pensamientos que pesan más de la cuenta.


Allí, rodeado por el horizonte infinito y el rumor constante del agua, el tiempo parece detenerse. Solo existen el cielo, el mar y yo, unidos en un instante de perfecta armonía. Respiro profundamente, cierro los ojos y agradezco este encuentro, porque el mar tiene el extraño don de recordarme quién soy cuando el mundo intenta que lo olvide. En su inmensidad encuentro refugio, libertad y silencio; un silencio lleno de vida que habla directamente al corazón y me invita, una vez más, a regresar a la orilla de mí mismo.


Este que camina hacía la orilla del mar, soy yo con ganas de mojarme con sus abrazos

sábado, 1 de agosto de 2026

PROPUESTA TELEVISIVA


Todavía me cuesta creer el mensaje que recibí hace unos días en Instagram. Cuando lo leí por primera vez pensé que era una broma. Sin embargo, era completamente real. Me escribían para invitarme a participar en un programa de televisión porque habían encontrado mi perfil y creían que podía encajar en él.


Lo que más me sorprendió no fue solo la invitación, sino el tono del mensaje. En todo momento fueron muy educados y respetuosos, algo que también quiero reconocer.


El programa en cuestión es First Dates, un programa de citas que se emite en España en Mediaset, concretamente en Telecinco y en 4. Desde siempre había pensado que los participantes se presentaban por iniciativa propia, pero desde la propuesta comprendí que no siempre es así. Además de las personas que envían su solicitud para participar, existen equipos de casting que se dedican a buscar perfiles en las redes sociales. Su trabajo consiste en encontrar personas con características o historias que puedan resultar interesantes para el programa y captar la atención del público.


Ni siquiera me lo planteé.


Escena del prgrama de televisión First Dates


Nunca me han atraído ese tipo de programas y, además, no encajan con mi situación personal. Como sabéis, estoy casado y vivo mi bisexualidad en el ámbito de la intimidad, como muchos de vosotros. Por coherencia con mi vida y con la relación que he construido, participar en un programa de citas no tendría sentido.


Por eso les respondí agradeciéndoles que hubieran pensado en mí y el interés que habían mostrado. También les expliqué, con toda la educación posible, que ese formato no era para mí y que prefería no participar.


Agradecí el trato tan correcto que habían tenido conmigo, porque en todo momento fueron amables y respetuosos. Al fin y al cabo, hicieron su trabajo con una enorme profesionalidad. Simplemente entendí que era una propuesta que no iba conmigo y decidí declinar la invitación.

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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará

MANOS ENTRELAZADAS

Hay momentos en los que la intimidad alcanza un lugar al que el sexo nunca puede llegar. Momentos en los que no hace falta desear el cuerpo ...