Desde que empecé a hablar de bisexualidad, me he dado cuenta de que hay una idea que sigue muy presente. Si un hombre siente atracción por otros hombres, tarde o temprano tendrá que reconocer que es gay.
Pero ¿y si no es así? Ya hemos hablado de que a muchos les cuesta aceptar que un hombre pueda sentirse atraído por mujeres y hombres sin que una de esas atracciones, o incluso las dos, tenga que ser una mentira.
Es cierto que hay hombres que durante años se identifican como heterosexuales y que, con el tiempo, descubren que son homosexuales. Cada persona tiene su propio camino y no siempre es fácil entender lo que siente.
Quizá os preguntéis por qué me ha dado ahora por escribir una serie de artículos sobre la bisexualidad. En estos dos últimos meses, dos buenos amigos, uno español y otro de América del Sur, han dejado de identificarse como bisexuales al reconocerse plenamente como gays. Dos divorcios en ciernes y dos vidas que empiezan a abrir sus ventanas para sentirse libres.
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Pero eso no significa que todos los hombres que sienten atracción por otros hombres sean gays. Cierto, que sus historias me han hecho reflexionar, pero también me recuerdan que cada hombre vive su sexualidad de una manera diferente. Que algunos descubran con el tiempo que son gays no significa que todos los hombres bisexuales estén recorriendo el mismo camino. Sus experiencias merecen el mismo respeto que las de quienes nos reconocemos en la bisexualidad y no sentimos que tengamos que dar el paso hacia ninguna otra identidad
Para mí, la bisexualidad no es una estación de paso entre la heterosexualidad y la homosexualidad, aunque ya hemos visto que, en algunos hombres, puede formar parte de su proceso de descubrimiento. Creo sinceramente que es una orientación sexual por derecho propio.
También existe el prejuicio de que, si un hombre está casado con una mujer y nunca ha tenido una experiencia sexual con otro hombre, no puede saber si es bisexual. Como si tuviera que demostrarlo para que los demás le crean.
Recuerdo que, cuando inicié el blog, fueron muchos los que me dijeron que tenía que probarlo para descubrir qué era lo que realmente me gustaba. Y lo hice, pero la experiencia no me satisfacía. No me gustaban las prisas, los encuentros en un coche perdido entre huertas, el miedo a las enfermedades de transmisión sexual ni la posibilidad de encontrarme con algún conocido. Me sentía como un mero espectador que se dejaba hacer, pero que no interactuaba.
Curiosamente, después de aquellas experiencias me sentía más heterosexual que antes. Hasta que dejé de buscar de aquella manera y me dejé seducir por los masajes. Dejaban mis músculos relajados y, en alguna ocasión, terminaban con un final feliz. Aquello no significaba que esas experiencias determinaran mi orientación sexual, sino que no me sentía identificado con aquella forma de vivir mi deseo.
Sin embargo, no exigimos a un hombre heterosexual que demuestre su orientación acostándose con una mujer. ¿Por qué debería ser diferente con un hombre bisexual?
Quizá el problema sea que seguimos necesitando clasificar a las personas en categorías cerradas. Nos cuesta aceptar que alguien pueda sentir atracción por más de un género sin tener que elegir uno.
Yo creo que cada persona debe poder descubrirse a su ritmo, sin que los demás decidan por ella quién es o qué debería sentir.
No todos los hombres bisexuales son hombres gays que no se atreven a reconocerlo. Algunos somos, sencillamente, bisexuales.
Y me gustaría preguntaros algo: ¿creéis que la bisexualidad masculina se acepta de verdad o que todavía hay mucha gente que la considera una etapa, una confusión o una forma de ocultar la homosexualidad?
Os leo.
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