Una inmensa tristeza nos invade ante la dureza de esta catástrofe que nos golpea el alma. Todo nuestro dolor y apoyo están con las familias en estos momentos tan difíciles. Guardamos en el recuerdo a quienes nos han dejado, honrando su memoria con eterno cariño.
EL VIAJE BISEXUAL DE UN CASADO
Un inesperado viaje que llegó a las puertas de la madurez, llenando de nueva sensaciones mi vida.
miércoles, 28 de octubre de 2026
lunes, 26 de octubre de 2026
¿POR QUÉ LA MAYORÍA DE LOS HOMBRES BISEXUALES VIVEN EN LA INVISIBILIDAD?
Creo que una de las principales razones por las que muchos hombres bisexuales permanecemos en la invisibilidad es el miedo a decirlo en voz alta.
Miedo a cómo reaccionará la pareja, a lo que pensarán los amigos, a decepcionar a la familia o a que los demás empiecen a mirarte de otra manera. Miedo a que una parte de ti que hasta entonces habías mantenido en privado termine cambiando la imagen que los demás tienen de ti.
Porque una cosa es reconocer tu bisexualidad ante ti mismo y otra muy distinta es compartirla con los demás.
Dar ese paso puede suponer enfrentarse a preguntas incómodas, prejuicios y dudas sobre nuestra forma de entender las relaciones. Quizá temamos que nuestra pareja deje de confiar en nosotros, que nuestros amigos piensen que en realidad somos gays o que nuestra familia se pregunte si la vida que hemos llevado hasta entonces era una mentira.
Y, ante esa posibilidad, muchos preferimos guardar silencio. No necesariamente porque no sepamos quiénes somos, sino porque no sabemos qué consecuencias puede tener contarlo.
Esta fotografía está generado por IA. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará
viernes, 23 de octubre de 2026
DESCUBRIR QUE ERES BISEXUAL DESPUÉS DE LOS 40: ¿Y AHORA QUÉ?
Hay hombres que llegan a los cuarenta y empiezan a hacerse preguntas sobre su sexualidad que nunca antes se habían planteado. Hombres que han vivido convencidos de que eran heterosexuales, que han tenido relaciones con mujeres y que, de repente, empiezan a reconocer una atracción hacia otros hombres.
¿Por qué ocurre? ¿Por qué algunos hombres empiezan a planteárselo a esa edad y no antes?
No creo que exista una única respuesta. Quizá esa atracción ya estaba ahí, pero nunca se habían permitido reconocerla. Quizá la educación recibida, las expectativas sociales o la idea que tenían de lo que significa ser hombre y heterosexual no les habían dejado espacio para hacerse esas preguntas. O quizá sencillamente necesitan tiempo para comprender sentimientos que antes no sabían interpretar.
En mi caso, ese descubrimiento llegó todavía más tarde, a los cincuenta años.
Y no fue una liberación inmediata ni sentí que, de repente, todo encajara y mi vida tuviera más sentido. Para mí, fue caer en un pozo sin fondo. Un amigo gay me dijo entonces que, a partir de ese momento, viviría situaciones parecidas a estar dentro de un ascensor que subía y bajaba. Unas veces estarías arriba del todo; otras, en pisos intermedios o más bajos, hasta llegar a tocar fondo. Y después, quizá, volverías a subir.
Creo que no se equivocó. Durante un tiempo viví esa especie de montaña rusa emocional. Intentaba entender qué me estaba pasando, qué significaba aquello y qué podía cambiar en mi vida. Porque, a esa edad, yo nunca había imaginado que pudiera llegar a tener una relación con un hombre ni que los hombres pudieran atraerme. No entraba en mis planes. No era algo que me hubiera planteado. Y, sin embargo, allí estaba.
Aceptar lo que eres lleva su tiempo
Creo que una de las cosas más difíciles fue aceptar que aquello también formaba parte de mí. No bastaba con reconocer que podía sentir atracción por un hombre. Tenía que asimilarlo, entenderlo y encontrar mi lugar dentro de algo que hasta entonces me resultaba completamente ajeno. Y eso no ocurrió de un día para otro.
Pasaron años hasta que me decidí a probar a estar con un hombre. Durante ese tiempo hubo dudas, preguntas y muchas vueltas a la cabeza. Supongo que necesitaba tiempo para aceptar algo que había descubierto de mí mismo a una edad en la que pensaba que ya me conocía bastante bien.
Con el tiempo entendí que no tenía por qué resolverlo todo de inmediato. Pero llegar a ese punto me costó.
La decisión de dar el paso
Hubo una conversación con mi mujer que fue importante para mí. Hablamos de la posibilidad de que probara a estar con un hombre, y fue ella quien me dijo que quizá lo mejor era que lo hiciera y después se lo contara. Entonces decidiríamos qué pasaba con nuestra relación.
Aquella conversación me abrió una puerta que llevaba tiempo mirando desde lejos. Finalmente, lo probé. Y la experiencia no fue exactamente como esperaba. No me disgustó, pero tampoco me apasionó. No fue esa revelación definitiva que quizá había imaginado, ni hizo que de repente tuviera todas las respuestas.
Simplemente, fue una experiencia que me permitió conocer una parte de mí que hasta entonces no había explorado.
Y entonces llegó otra decisión. Decidí no contarle a mi mujer lo que había pasado. Pensé que hacerlo le causaría mucho daño y opté por guardar silencio. Y así seguimos hasta hoy.
No cuento esto porque crea que sea la decisión correcta para todo el mundo, ni porque piense que exista una única manera de afrontar una situación así. Cada pareja tiene su historia, sus acuerdos y sus circunstancias. Solo puedo hablar de lo que hice yo y de los motivos que me llevaron a hacerlo.
A veces, las decisiones que tomamos para evitar el sufrimiento de alguien también nos dejan preguntas que siguen ahí con el paso del tiempo. No siempre es fácil saber qué habría ocurrido si hubiéramos actuado de otra manera.
Lo que sí sé es que mi decisión no cambió lo que había descubierto sobre mí mismo. Podía haber tenido una sola experiencia con un hombre o muchas más; aquello no era lo que determinaba mi orientación sexual. Aceptarme no significa querer cambiar mi vida.
Hoy tengo plenamente aceptada mi bisexualidad. Ya no es algo que me genere aquella angustia de los primeros años ni siento que tenga que luchar contra lo que soy. He llegado a entenderlo y a asumirlo como una parte más de mí.
Pero aceptarme no significa que quiera explorar esa parte de mi sexualidad sin límites ni que tenga que hacerlo para demostrarme algo.
Me contengo. No quiero que la búsqueda de experiencias sexuales se convierta en una necesidad que termine condicionando mi vida. No me veo buscando encuentros constantemente en aplicaciones de citas ni practicando cruising en espacios públicos. No es la manera en la que quiero vivir mi sexualidad.
Y creo que aquí hay algo importante: aceptar que eres bisexual no te obliga a llevar una vida sexual determinada. No tienes que probar continuamente que te atraen los hombres ni acumular experiencias para confirmar quién eres. Tampoco tienes que renunciar a lo que sientes por miedo a lo que pueda significar.
Cada uno decide cómo quiere vivir su sexualidad, de acuerdo con sus deseos, sus valores y sus circunstancias. En mi caso, aceptar mi bisexualidad no ha significado querer cambiar radicalmente mi vida, sino dejar de vivir ese descubrimiento como algo que me desbordaba.
También he comprendido que una cosa es aceptar quién eres y otra decidir qué quieres hacer con ello. Puedo reconocer mi atracción por los hombres sin sentir la necesidad de buscar nuevas experiencias constantemente. Puedo saber que soy bisexual sin tener que demostrarlo ante nadie.
¿Y ahora qué?
Cuando miro atrás, pienso en aquel hombre de cincuenta años que sintió que se caía a un pozo sin fondo. Me habría gustado saber entonces que las cosas terminarían cambiando, que aquella angustia no duraría para siempre y que llegaría un momento en el que podría hablar de mi bisexualidad con naturalidad.
No puedo decir que tenga todas las respuestas ni que haya resuelto de una manera perfecta todas las cuestiones que surgieron entonces. Mi historia tiene sus contradicciones, sus silencios y sus decisiones. Pero hoy sé quién soy y ya no necesito vivirlo como una amenaza.
Descubrir que eres bisexual después de los cuarenta no significa que tu vida anterior haya sido una mentira, que tengas que cambiarlo todo o que debas seguir un camino determinado. Tampoco significa que tengas que vivir tu sexualidad de una forma que no encaja contigo.
A veces, el paso más importante no es experimentar más, tomar decisiones drásticas o contárselo a todo el mundo. A veces, consiste simplemente en dejar de tener miedo a lo que uno es.
Yo necesité años para llegar hasta aquí. Y si algo he aprendido es que no existe una edad límite para descubrirte, aceptarte y decidir cómo quieres vivir.
Me gustaría conocer vuestras experiencias. ¿Habéis descubierto vuestra bisexualidad después de los cuarenta o los cincuenta? ¿Cómo vivisteis los primeros momentos? ¿Sentisteis miedo, alivio, confusión o una mezcla de todo ello? ¿Y una vez aceptada, sentisteis la necesidad de explorar esa parte de vuestra sexualidad o aprendisteis a convivir con ella de otra manera?
Os sigo leyendo.
Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará
miércoles, 21 de octubre de 2026
¿SER BISEXUAL SIGNIFICA TENER MÁS POSIBILIDADES DE SER INFIEL?
Hay una pregunta que aparece con bastante frecuencia cuando hablamos de bisexualidad y cuya respuesta mucha gente parece dar por hecha: ¿ser bisexual significa tener más posibilidades de ser infiel?
Parece que, si a un hombre le atraen tanto las mujeres como los hombres, automáticamente tiene más tentaciones y más motivos para engañar a su pareja. Como si sentir atracción por más de un género significara vivir permanentemente insatisfecho con lo que tienes.
Pero ¿de verdad funciona así? Creo que detrás de esta idea hay una confusión bastante habitual, pensar que sentir atracción por otras personas y ser infiel son prácticamente la misma cosa. Y no lo son.
Nos puede parecer atractivo alguien que conocemos por casualidad, un compañero de trabajo o una persona con la que coincidimos en internet. Eso no significa que queramos engañar a nuestra pareja. Entonces, ¿por qué debería ser diferente si somos bisexuales?
A veces parece que los demás imaginan la bisexualidad como un apetito permanente que nunca termina de saciarse. Si estás con una mujer, te faltan los hombres; si estás con un hombre, te faltan las mujeres. Como si la persona con la que compartes tu vida nunca pudiera ser suficiente.
A mí esa idea me parece una forma muy simplista de entender la sexualidad. Ser bisexual no significa que te atraigan todas las personas, que sientas la misma atracción por hombres y mujeres ni que necesites mantener relaciones con ambos para sentirte completo. Significa que puedes sentir atracción por más de un género. Lo que haces con ella es otra cuestión.
Y aquí es donde entra la fidelidad. Ser fiel no significa dejar de encontrar atractivas a otras personas. Para mí, tiene más que ver con los acuerdos que estableces con tu pareja, la honestidad y el respeto hacia aquello que habéis decidido compartir.
Un hombre heterosexual puede ser infiel a su mujer con otra mujer. Un hombre gay puede ser infiel a su pareja con otro hombre. Y un hombre bisexual puede ser fiel a su pareja, sea esta un hombre o una mujer. La orientación sexual no determina por sí sola la conducta de una persona.
Sin embargo, el prejuicio sigue ahí. Un hombre bisexual puede sentir que tiene que demostrar constantemente que es capaz de comprometerse, como si su orientación lo hiciera sospechoso de antemano. Puede encontrarse con parejas que desconfían de él por miedo a que tarde o temprano necesite experimentar aquello que supuestamente le falta.
Y eso plantea una situación bastante injusta, tener que responder por una infidelidad que todavía no has cometido, simplemente por sentir atracción por más de un género.
Por supuesto, también hay personas bisexuales que son infieles, igual que las hay heterosexuales y homosexuales. Pero utilizar esos casos para definir a todo un colectivo es tan injusto como atribuirle deshonestidad a alguien por cualquier otra característica de su identidad.
Al final, la cuestión no debería ser cuántos géneros pueden atraerte, sino cómo te relacionas con la persona con la que compartes tu vida.
Porque sentir atracción no es lo mismo que actuar sobre ella. Y poder enamorarte de personas de más de un género no significa que seas incapaz de elegir, querer y construir una relación con una sola persona. Porque sentir atracción no es lo mismo que actuar sobre ella. Y poder enamorarte de personas de más de un género no significa que seas incapaz de elegir, querer y construir una relación con una sola persona. No es mi caso, pero conozco a unos cuantos hombres que sí lo llevan a la práctica.
Me gustaría conocer vuestra opinión. ¿Creéis que la bisexualidad masculina sigue despertando más desconfianza dentro de una relación? ¿Pensáis que todavía se confunde bisexualidad con infidelidad?
Os sigo leyendo.
Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará
lunes, 19 de octubre de 2026
¿UN HOMBRE BISEXUAL ES EN REALIDAD UN HOMBRE GAY QUE NO SE ATREVE A RECONOCERLO?
Desde que empecé a hablar de bisexualidad, me he dado cuenta de que hay una idea que sigue muy presente. Si un hombre siente atracción por otros hombres, tarde o temprano tendrá que reconocer que es gay.
Pero ¿y si no es así? Ya hemos hablado de que a muchos les cuesta aceptar que un hombre pueda sentirse atraído por mujeres y hombres sin que una de esas atracciones, o incluso las dos, tenga que ser una mentira.
Es cierto que hay hombres que durante años se identifican como heterosexuales y que, con el tiempo, descubren que son homosexuales. Cada persona tiene su propio camino y no siempre es fácil entender lo que siente.
Quizá os preguntéis por qué me ha dado ahora por escribir una serie de artículos sobre la bisexualidad. En estos dos últimos meses, dos buenos amigos, uno español y otro de América del Sur, han dejado de identificarse como bisexuales al reconocerse plenamente como gays. Dos divorcios en ciernes y dos vidas que empiezan a abrir sus ventanas para sentirse libres.
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Pero eso no significa que todos los hombres que sienten atracción por otros hombres sean gays. Cierto, que sus historias me han hecho reflexionar, pero también me recuerdan que cada hombre vive su sexualidad de una manera diferente. Que algunos descubran con el tiempo que son gays no significa que todos los hombres bisexuales estén recorriendo el mismo camino. Sus experiencias merecen el mismo respeto que las de quienes nos reconocemos en la bisexualidad y no sentimos que tengamos que dar el paso hacia ninguna otra identidad
Para mí, la bisexualidad no es una estación de paso entre la heterosexualidad y la homosexualidad, aunque ya hemos visto que, en algunos hombres, puede formar parte de su proceso de descubrimiento. Creo sinceramente que es una orientación sexual por derecho propio.
También existe el prejuicio de que, si un hombre está casado con una mujer y nunca ha tenido una experiencia sexual con otro hombre, no puede saber si es bisexual. Como si tuviera que demostrarlo para que los demás le crean.
Recuerdo que, cuando inicié el blog, fueron muchos los que me dijeron que tenía que probarlo para descubrir qué era lo que realmente me gustaba. Y lo hice, pero la experiencia no me satisfacía. No me gustaban las prisas, los encuentros en un coche perdido entre huertas, el miedo a las enfermedades de transmisión sexual ni la posibilidad de encontrarme con algún conocido. Me sentía como un mero espectador que se dejaba hacer, pero que no interactuaba.
Curiosamente, después de aquellas experiencias me sentía más heterosexual que antes. Hasta que dejé de buscar de aquella manera y me dejé seducir por los masajes. Dejaban mis músculos relajados y, en alguna ocasión, terminaban con un final feliz. Aquello no significaba que esas experiencias determinaran mi orientación sexual, sino que no me sentía identificado con aquella forma de vivir mi deseo.
Sin embargo, no exigimos a un hombre heterosexual que demuestre su orientación acostándose con una mujer. ¿Por qué debería ser diferente con un hombre bisexual?
Quizá el problema sea que seguimos necesitando clasificar a las personas en categorías cerradas. Nos cuesta aceptar que alguien pueda sentir atracción por más de un género sin tener que elegir uno.
Yo creo que cada persona debe poder descubrirse a su ritmo, sin que los demás decidan por ella quién es o qué debería sentir.
No todos los hombres bisexuales son hombres gays que no se atreven a reconocerlo. Algunos somos, sencillamente, bisexuales.
Y me gustaría preguntaros algo: ¿creéis que la bisexualidad masculina se acepta de verdad o que todavía hay mucha gente que la considera una etapa, una confusión o una forma de ocultar la homosexualidad?
Os leo.
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viernes, 16 de octubre de 2026
¿POR QUÉ CUESTA TANTO CREER QUE UN HOMBRE CASADO TAMBIÉN PUEDE SER BISEXUAL?
Estos días ando meditando sobre mi bisexualidad, el como me siento, si debo dejar algo atrás y como enfocar mi vida. Astrologicamente parece que estemos ante un momento de reflexión y eliminación de todo aquello que nos atrapa en un bucle. Estos pensamientos me han llevado a cinco preguntas que voy a ir respondiendo en otros tantos post.
Desde que descubrí mi bisexualidad, hay algo que me llama la atención en las conversaciones con amigos. Cuando un hombre está casado con una mujer, mucha gente da por hecho que es heterosexual y monógamo. Y si ese mismo hombre dice que también siente atracción por otros hombres, empiezan las dudas, las sospechas y las etiquetas. En cambio, si siente atracción por otras mujeres, muchos, especialmente otros hombres, parecen verlo con más normalidad.
Quizá por eso muchos preferimos guardar silencio. Porque sabemos que, si habláramos abiertamente de nuestra bisexualidad, podrían surgir preguntas como estas: Entonces, ¿eres gay? ¿Estás confundido? ¿Será una fase? ¿Cómo puedes ser bisexual si estás casado con una mujer?
Parece que tenemos la necesidad de poner etiquetas a todo, como si un hombre tuviera que elegir entre una cosa u otra. Pero la realidad no siempre es tan sencilla. Un hombre puede amar a su mujer, compartir su vida con ella y sentirse atraído por otros hombres. Una cosa no tiene por qué anular la otra. Ser bisexual tampoco significa ser infiel, estar insatisfecho con tu pareja o necesitar experimentar con hombres y mujeres.
Entonces, ¿por qué cuesta tanto entenderlo? Quizá porque seguimos viendo la sexualidad en blanco y negro. Heterosexual u homosexual. Y cuando aparece alguien que no encaja en esas dos categorías, surgen las dudas y los prejuicios.
Incluso se da por hecho que un hombre bisexual es en realidad homosexual y todavía no se atreve a reconocerlo. Puede suceder en algunas historias, pero no podemos convertirlo en una regla. La bisexualidad también es una orientación sexual, no una etapa ni una confusión.
Y hay algo más, un hombre no tiene que demostrar su bisexualidad acostándose con otro hombre, del mismo modo que estar casado con una mujer no demuestra que sea heterosexual.
Quizá deberíamos escuchar más y juzgar menos. No todos vivimos nuestra sexualidad de la misma manera, y no todas las historias tienen que encajar en lo que los demás consideran normal.
Y ahora me gustaría conocer vuestra opinión. ¿Creéis que a un hombre casado le cuesta más reconocer su bisexualidad por miedo a perder lo que tiene, o porque la sociedad todavía no acepta que pueda amar a una mujer y sentirse atraído por un hombre?
Os leo. Aunque, viendo que las últimas entradas no han recibido comentarios, empiezo a preguntarme si os animáis a compartir vuestra opinión o preferís leer en silencio.
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miércoles, 9 de septiembre de 2026
MANOS ENTRELAZADAS
Hay momentos en los que la intimidad alcanza un lugar al que el sexo nunca puede llegar. Momentos en los que no hace falta desear el cuerpo del otro para sentirse profundamente unido a él, porque basta con su presencia, con un gesto, con el simple hecho de estar juntos.
Cuando la película terminó, seguíamos con las manos entrelazadas. No había pasado nada extraordinario y, sin embargo, recuerdo sentirme como el hombre más feliz del mundo. Tú me dijiste que sentías lo mismo.
Aquella tarde entendí que la intimidad no siempre está en desnudarse, ni en el deseo, ni siquiera en tocarse. A veces está en poder estar junto a alguien sin necesitar nada más. Solo tú, yo, nuestras manos entrelazadas y esa sensación de estar exactamente donde quería estar.
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lunes, 7 de septiembre de 2026
VOLVER A LA RUTINA… Y VOLVER AL BLOG
Se acabaron los días de asueto y vuelve esa sensación de que el verano ha pasado demasiado rápido, sin apenas disfrutar de la playa, de una terraza o simplemente de esos momentos en los que parece que el tiempo se detiene.
Y, de alguna manera, también toca volver a este blog.
El viaje bisexual de un casado nació como un espacio para contar, desde mi propia experiencia, todo aquello que durante mucho tiempo permaneció en silencio. Un viaje que no siempre ha tenido un rumbo claro y en el que todavía sigo descubriendo cosas sobre mí mismo.
Durante estos días la rutina parecía quedar un poco aparcada. Cambiaron los horarios, las prioridades y también ese espacio mental que necesito para escribir.
Pero las cosas que uno lleva dentro no desaparecen porque lleguen las vacaciones. El viaje no se ha detenido. Y, en este tiempo, ha habido miradas, conversaciones en las redes, algún desencuentro, alguna sorpresa… y también momentos en los que, sencillamente, no ha pasado nada. Porque quizá esa sea también una parte de este viaje, no todo tiene que convertirse en una historia, ni cada mirada tiene que terminar en algo más.
A veces basta con darse cuenta de que aquella mirada nos ha provocado algo. Y preguntarnos por qué.
Así que aquí estoy de nuevo. No sé todavía qué recorrido tendrá esta nueva etapa del blog. Quizá habrá más reflexiones sobre lo que significa ser un hombre casado y bisexual, sobre el deseo, la pareja, las dudas, los encuentros, las contradicciones o esas situaciones que a veces cuesta explicar incluso a uno mismo.
Porque, al fin y al cabo, este blog nunca ha pretendido tener todas las respuestas. Más bien todo lo contrario. Es un lugar para hacerse preguntas. Quizá eso es precisamente lo interesante, que el viaje continúa.
Continúa cuando descubrimos algo nuevo sobre nosotros mismos. Continúa cuando alguien aparece y despierta una curiosidad que creíamos dormida. Continúa cuando nos atrevemos a reconocer un deseo, pero también cuando decidimos no seguirlo. Continúa en las conversaciones, en las fantasías, en las dudas y hasta en esos momentos en los que pensamos que no está pasando absolutamente nada. Porque mientras la vida siga llenándonos de experiencias, preguntas, deseos y contradicciones, siempre habrá algo que contar.
Sobre todo, porque vuestros correos electrónicos y vuestros comentarios en las entradas del blog son, en realidad, el verdadero sustento de este espacio. Son los que me animan a seguir escribiendo, los que me hacen reflexionar, cuestionarme cosas y, en ocasiones, descubrir nuevos caminos por los que continuar este viaje.
Así que gracias por estar al otro lado, por leer, por comentar, por escribir y por compartir conmigo parte de vuestro propio viaje.
Nos seguimos leyendo.
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lunes, 17 de agosto de 2026
DÍAS DE AGOSTO
Hay momentos en los que toca desconectar unos días, vaciarse por dentro y soltar todo aquello que pesa, lo malo, lo negativo. La brisa del mar recargará mi cuerpo y el aire de la sierra revitalizará mi alma.
Unos días para respirar, resetear y volver con las pilas cargadas. Nos vemos pronto.
EL DORÍFORO Y LA BELLEZA DE CADA CUERPO
| Doríforo de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (MANN) |
| Varias personas practican nudismo en una playa catalana. Federació Naturista-Nudista de Catalunya. |
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domingo, 16 de agosto de 2026
EL ARTE COMO CAMINO DE DESCUBRIMIENTO
Cuando hablo de descubrimiento no me refiero solamente a descubrir artistas, obras, estilos o épocas. Hablo de descubrirnos a nosotros mismos a través de aquello que contemplamos.
Desde niño he sentido una atracción especial por el arte. La pintura, la escultura, la música, la lectura… Siempre ha habido algo en esas expresiones artísticas que me atrapaba.
Cuando hojeaba los libros de Historia del Arte o preparaba algún trabajo para clase, aparecían ante mí desnudos integrados en pinturas épicas, escenas mitológicas y representaciones de la vida cotidiana. Recuerdo que me atraía contemplar aquellos cuerpos, tanto de hombres como de mujeres, desnudos y mostrados sin pudor, como algo completamente natural.
| El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, pintada hacia 1485 y conservada en la Galería de los Uffizi de Florencia |
Estoy casi seguro de que, sin saberlo, mi mente se estaba formando también en esa naturalidad ante el cuerpo desnudo. No había nada extraño en ello. Un cuerpo desnudo era simplemente un cuerpo desnudo. Una parte más de la obra de arte.
Más tarde, cuando empecé a visitar museos, aquella fascinación aumentó. Podía quedarme contemplando durante mucho tiempo una pintura o una escultura, fijándome en cada detalle, la postura, la musculatura, las proporciones, los pliegues de la piel, la manera en que el artista había conseguido representar el movimiento o la serenidad de un cuerpo.
Y, sin embargo, durante mucho tiempo nunca pensé que aquello tuviera ninguna relación con mi propia sexualidad. Incluso he discutido muchas veces sobre el cuerpo humano, sobre la belleza del cuerpo masculino frente al femenino, sobre las proporciones, sobre lo que hace que un cuerpo nos parezca bello o armonioso.
Lo hacía desde la curiosidad, desde el interés por el arte, desde la admiración por la capacidad de un artista para representar el cuerpo humano. Nunca pensé que quizá, debajo de todo aquello, también hubiera algo más.
Ahora, mirando las cosas con la perspectiva que me da el tiempo, me pregunto si realmente era así.
Lo que sí sé es que ahora todo ha cambiado. Hoy puedo mirar hacia atrás y pensar que, sin darme cuenta, estaba sembrando pequeñas semillas. Semillas que permanecieron allí durante años, aparentemente dormidas, mientras yo seguía creciendo, aprendiendo, construyendo mi vida y tratando de entender quién era. Y quizá algunas de aquellas semillas han terminado germinando con el paso del tiempo.
Tal vez por eso hoy puedo contemplar el Doríforo de Policleto, para mi la perfección de un cuerpo en piedra, de una manera diferente. No solamente como una de las grandes obras de la escultura clásica, ni únicamente como una representación del ideal de belleza masculina, sino también como parte de un viaje personal que comenzó mucho antes de que yo pudiera ponerle nombre.
| Doríforo de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (MANN) |
Durante años pensé que simplemente estaba mirando arte. Ahora me pregunto si, de alguna manera, también estaba aprendiendo a mirar. A mirar el cuerpo sin culpa, a mirar la belleza sin miedo. Y quizá, sin saberlo, también estaba aprendiendo a mirarme a mí mismo.
El arte puede enseñarnos muchas cosas. Pero quizá una de las más importantes sea enseñarnos a descubrir quiénes somos. Y ese, al fin y al cabo, también es un viaje.
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