lunes, 17 de agosto de 2026

DÍAS DE AGOSTO


Hay momentos en los que toca desconectar unos días, vaciarse por dentro y soltar todo aquello que pesa, lo malo, lo negativo. La brisa del mar recargará mi cuerpo y el aire de la sierra revitalizará mi alma.


Unos días para respirar, resetear y volver con las pilas cargadas. Nos vemos pronto




EL DORÍFORO Y LA BELLEZA DE CADA CUERPO


Recuerdo que un día, hojeando una de las enciclopedias que teníamos en casa, encontré una fotografía a todo color del Doríforo de Policleto. Estaba pegada a toda página como un cromo de coleccionable. 


Me quedé prendado de aquella escultura. Me fascinaban sus proporciones, el equilibrio de la figura, la armonía entre cada una de sus partes. Aquel cuerpo parecía responder a un canon de perfección cuidadosamente pensado. Era, para mí, la representación de un cuerpo masculino perfecto.


Años después tuve la oportunidad de contemplarlo frente a mí. Y la sensación fue todavía más intensa. Una cosa es contemplar una fotografía en una enciclopedia y otra encontrarte delante de la escultura, observar sus dimensiones, su postura, la musculatura, el equilibrio del cuerpo y todos esos detalles que una fotografía apenas puede transmitir.


Doríforo de PompeyaMuseo Arqueológico Nacional de Nápoles (MANN)




Pero hoy miro de otra manera. Quizá porque con los años he aprendido que la belleza no tiene por qué ajustarse a un canon.


Ahora, cuando estoy en una playa nudista, también miro. Pero no busco el cuerpo perfecto, ni las proporciones ideales, ni la musculatura exacta, ni la juventud que durante tantos siglos hemos asociado a la belleza masculina.


Me gusta contemplar la belleza personal de cada uno. Un cuerpo grande, pequeño, delgado, musculoso, envejecido, con cicatrices, con barriga, con arrugas… Cada cuerpo tiene su propia historia. Y quizá precisamente ahí está su belleza.


En una playa nudista desaparece buena parte de aquello que utilizamos para construir nuestra imagen ante los demás. No hay ropa que oculte, pero tampoco debería haber necesidad de esconderse. Los cuerpos aparecen tal como son, diferentes entre sí, imperfectos y, precisamente por eso, auténticos.


Y entonces pienso en el Doríforo. Durante siglos hemos buscado el cuerpo ideal. Hemos establecido cánones, proporciones y modelos de belleza. Pero la vida real nunca ha sido una escultura de mármol. La vida está hecha de cuerpos diferentes. Y hoy me interesa mucho más esa diversidad.


Ahora puedo contemplar un cuerpo sin preguntarme si cumple un canon de belleza. Puedo encontrar atractivo en una mirada, en una sonrisa, en una manera de caminar, en la naturalidad con la que alguien se muestra, en la seguridad o incluso en la vulnerabilidad que transmite.

Varias personas practican nudismo en una playa catalana. Federació Naturista-Nudista de Catalunya.


Quizá ese sea también otro aprendizaje de mi propio viaje. De estudiante me fascinaba el cuerpo perfecto del Doríforo. Hoy me fascinan los cuerpos imperfectamente perfectos de las personas reales.


Posiblemente entre una cosa y otra haya ocurrido algo mucho más importante, he aprendido que la belleza no está únicamente en aquello que se ajusta a un modelo. Está también en aquello que nos hace únicos. Porque el verdadero canon de belleza no es un cuerpo perfecto. Es sentirse bien dentro del cuerpo que tenemos y permitir que los demás también puedan sentirse bien dentro del suyo.



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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará





domingo, 16 de agosto de 2026

EL ARTE COMO CAMINO DE DESCUBRIMIENTO


Cuando hablo de descubrimiento no me refiero solamente a descubrir artistas, obras, estilos o épocas. Hablo de descubrirnos a nosotros mismos a través de aquello que contemplamos.


Desde niño he sentido una atracción especial por el arte. La pintura, la escultura, la música, la lectura… Siempre ha habido algo en esas expresiones artísticas que me atrapaba.


Cuando hojeaba los libros de Historia del Arte o preparaba algún trabajo para clase, aparecían ante mí desnudos integrados en pinturas épicas, escenas mitológicas y representaciones de la vida cotidiana. Recuerdo que me atraía contemplar aquellos cuerpos, tanto de hombres como de mujeres, desnudos y mostrados sin pudor, como algo completamente natural.


El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, pintada hacia 1485 y conservada en la Galería de los Uffizi de Florencia


Estoy casi seguro de que, sin saberlo, mi mente se estaba formando también en esa naturalidad ante el cuerpo desnudo. No había nada extraño en ello. Un cuerpo desnudo era simplemente un cuerpo desnudo. Una parte más de la obra de arte.


Más tarde, cuando empecé a visitar museos, aquella fascinación aumentó. Podía quedarme contemplando durante mucho tiempo una pintura o una escultura, fijándome en cada detalle, la postura, la musculatura, las proporciones, los pliegues de la piel, la manera en que el artista había conseguido representar el movimiento o la serenidad de un cuerpo. 


Y, sin embargo, durante mucho tiempo nunca pensé que aquello tuviera ninguna relación con mi propia sexualidad. Incluso he discutido muchas veces sobre el cuerpo humano, sobre la belleza del cuerpo masculino frente al femenino, sobre las proporciones, sobre lo que hace que un cuerpo nos parezca bello o armonioso.


Lo hacía desde la curiosidad, desde el interés por el arte, desde la admiración por la capacidad de un artista para representar el cuerpo humano. Nunca pensé que quizá, debajo de todo aquello, también hubiera algo más.


Ahora, mirando las cosas con la perspectiva que me da el tiempo, me pregunto si realmente era así. 


Lo que sí sé es que ahora todo ha cambiado. Hoy puedo mirar hacia atrás y pensar que, sin darme cuenta, estaba sembrando pequeñas semillas. Semillas que permanecieron allí durante años, aparentemente dormidas, mientras yo seguía creciendo, aprendiendo, construyendo mi vida y tratando de entender quién era. Y quizá algunas de aquellas semillas han terminado germinando con el paso del tiempo.


Tal vez por eso hoy puedo contemplar el Doríforo de Policleto, para mi la perfección de un cuerpo en piedra,  de una manera diferente. No solamente como una de las grandes obras de la escultura clásica, ni únicamente como una representación del ideal de belleza masculina, sino también como parte de un viaje personal que comenzó mucho antes de que yo pudiera ponerle nombre.


Doríforo de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (MANN)


Durante años pensé que simplemente estaba mirando arte. Ahora me pregunto si, de alguna manera, también estaba aprendiendo a mirar. A mirar el cuerpo sin culpa, a mirar la belleza sin miedo. Y quizá, sin saberlo, también estaba aprendiendo a mirarme a mí mismo.


El arte puede enseñarnos muchas cosas. Pero quizá una de las más importantes sea enseñarnos a descubrir quiénes somos. Y ese, al fin y al cabo, también es un viaje.


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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará

sábado, 15 de agosto de 2026

EL KALOS KAGATHOS


En las redes sociales parece que todo gira alrededor de la belleza, el cuerpo, la estética, las fotografías, la imagen que proyectamos. Queremos gustar, pertenecer y encajar, y muchas veces terminamos mostrando una versión de nosotros mismos pensada para los demás.


Pero los antiguos griegos tenían un concepto que siempre me ha fascinado, kalos kagathos, la unión de la belleza física con la belleza del alma, de la apariencia con la virtud.


Para los griegos, no bastaba con tener un cuerpo bello. También había que cultivar aquello que no se ve, la curiosidad, la sabiduría, la empatía, la justicia, la bondad y todas esas cualidades que hacen que una persona sea realmente valiosa.


Safo, Eurípides, Platón y Aristóteles, cada uno desde su perspectiva, reflexionaron sobre esa unión entre cuerpo y alma. Incluso muchos de sus mitos nos recuerdan que la belleza exterior, por sí sola, no garantiza la felicidad ni el amor verdadero.


Y quizá ese sea uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. Las redes sociales nos muestran continuamente lo que se ve, pero apenas dejan espacio para aquello que necesita tiempo para descubrirse.


El kalos kagathos nos recuerda que también debemos trabajar nuestra belleza interior. Porque el cuerpo cambia, envejece y deja de ser protagonista, pero aquello que hemos cultivado dentro de nosotros puede acompañarnos durante toda la vida.


Quizá nuestro verdadero viaje no consista únicamente en intentar vernos mejor, sino en intentar ser mejores.


Y eso, aunque no tenga filtros ni consiga tantos «me gusta», también merece ser mostrado.



viernes, 14 de agosto de 2026

EL MAYOR VIAJE DE SU VIDA


Esta historia es la de un viajero como nosotros que decide, después de muchos años, emprender el viaje más importante de todos: encontrarse consigo mismo.


Puede que esta historia os resulte amarga, incluso angustiosa por nuestra condición de hombres casados. Pero yo creo que en realidad es una historia liberadora.


Después de muchos años de matrimonio, cuando ya ha cumplido los 56 años, nuestro amigo decide que no puede seguir viviendo de espaldas a una parte fundamental de sí mismo. Durante décadas ha compartido su vida con su esposa, ha construido una familia y ha mantenido una apariencia de normalidad. Pero llega un momento en que ya no puede aguantar más y decide hablar con ella sobre su verdad.


Le cuenta a su mujer algo que, para él, ha permanecido demasiado tiempo en silencio, le gustan los hombres.


La reacción de ella le sorprende. No hay un rechazo inmediato ni una ruptura. Al contrario, acepta lo que su marido le está contando. Incluso acuerdan, a petición de ella, mantener el matrimonio de cara al exterior. Seguirán siendo una pareja para sus hijas, para la familia y para los amigos. Una especie de pacto para proteger una vida construida durante tantos años.


Pero aceptar una verdad no significa necesariamente saber convivir con ella.


Él interpreta aquella aceptación como la posibilidad de comenzar una nueva etapa. Empieza a relacionarse con otros hombres, conoce gente nueva y, poco a poco, descubre una vida que hasta entonces había permanecido escondida.


Algunos fines de semana sale con sus nuevos amigos, busca relaciones y empieza a experimentar una libertad que nunca había tenido. Incluso se atreve a pasar unos días inmerso en el ambiente gay de Torremolinos, donde descubre algo que quizá necesitaba comprobar por sí mismo.  Existe una normalidad en una vida gay, que se puede compartir, conversar, viajar, reír y disfrutar sin que todo tenga que girar necesariamente alrededor del deseo sexual. Cree que está comenzando una nueva vida.


Pero mientras él siente que, por fin, puede empezar a ser quien realmente es, su mujer comienza a vivir aquella situación de una manera muy diferente. Lo que al principio parecía tolerable se convierte poco a poco en algo insoportable para ella. El pacto matrimonial que habían establecido empieza a resquebrajarse.


Pasa aproximadamente un año y la convivencia se vuelve cada vez más difícil. Los reproches, la tensión y el resentimiento ocupan el lugar de aquella aceptación inicial. Lo que para él representa libertad, para ella se convierte en una herida que no deja de abrirse.


La situación llega a extremos dolorosos. Ella llega incluso a desearle que muera, incapaz de soportar que su marido se marche algunos fines de semana para encontrarse con otros hombres.


El matrimonio que pretendía mantenerse como una fachada para proteger a la familia acaba convirtiéndose en una convivencia marcada por el sufrimiento. Finalmente, él entiende que ya no puede continuar allí.


No se marcha porque haya dejado de importarle su familia. Se marcha porque quedarse significa seguir viviendo una vida que ya no puede sostener y, quizá, continuar haciéndose daño los dos.


Ahora, cumplidos los 57 años, tiene que enfrentarse a una decisión que probablemente debió tomar muchos años antes, empezar de nuevo. Este mes de septiembre se irá de casa.


No sabe exactamente qué encontrará al otro lado. No sabe si el amigo que ha conocido y que tanto le ha ilusionado permanecerá en su vida. O si encontrará nuevas relaciones, nuevas amistades, nuevos lugares y nuevas experiencias. También habrá, seguramente, momentos de soledad y muchas dudas. Después de tantos años de matrimonio, comenzar una vida diferente no puede ser sencillo.


Pero hay viajes que no comienzan cuando uno hace una maleta. Comienzan mucho antes, el día en que uno se atreve, por fin, a reconocer quién es. Y este hombre está a punto de emprender el mayor viaje de su vida.


Como veis, cada uno tenemos nuestra propia historia y cada uno la vivimos de una manera diferente. No hay dos viajes iguales, ni dos formas iguales de encontrarnos a nosotros mismos. Lo importante es que, tarde o temprano, tengamos el valor de emprender nuestro propio viaje.


Suerte, amigo. Te deseo de corazón que encuentres aquello que llevas tantos años buscando. Que esta nueva etapa te permita vivir sin miedo, sin disfraces y con la libertad de ser tú mismo. Un abrazo desde el alma.












miércoles, 5 de agosto de 2026

EN BUSCA DE MI AMIGO EL MAR


La toalla queda atrás, extendida sobre la arena y resguardada bajo la sombra de la sombrilla, como una silenciosa testigo de mi breve ausencia. El murmullo de la playa me acompaña mientras avanzo despacio, sintiendo cómo la arena cálida se desliza entre mis pies. Cada paso parece desprenderme un poco más de las prisas, de las preocupaciones y del ruido que la vida cotidiana acumula en el alma.


Frente a mí, el mar se extiende inmenso, sereno y eterno, invitándome a acercarme. Sus aguas brillan bajo la luz del sol como un manto de cristales en movimiento, y el vaivén de las olas dibuja una melodía antigua que solo el corazón sabe interpretar. Camino hacia la orilla con la emoción de quien se reencuentra con un viejo amigo, uno de esos que nunca juzgan, que siempre esperan y que, con solo su presencia, son capaces de devolver la paz.


Cuando la primera ola alcanza mis pies, siento el fresco de su abrazo y sonrío. Es el saludo de mi amigo el mar, que me recibe con la ternura de sus besos salados y la fuerza serena de su inmensidad. Poco a poco me adentro en sus aguas, dejando que cada ola acaricie mi piel y se lleve consigo el cansancio, las inquietudes y los pensamientos que pesan más de la cuenta.


Allí, rodeado por el horizonte infinito y el rumor constante del agua, el tiempo parece detenerse. Solo existen el cielo, el mar y yo, unidos en un instante de perfecta armonía. Respiro profundamente, cierro los ojos y agradezco este encuentro, porque el mar tiene el extraño don de recordarme quién soy cuando el mundo intenta que lo olvide. En su inmensidad encuentro refugio, libertad y silencio; un silencio lleno de vida que habla directamente al corazón y me invita, una vez más, a regresar a la orilla de mí mismo.


Este que camina hacía la orilla del mar, soy yo con ganas de mojarme con sus abrazos

sábado, 1 de agosto de 2026

PROPUESTA TELEVISIVA


Todavía me cuesta creer el mensaje que recibí hace unos días en Instagram. Cuando lo leí por primera vez pensé que era una broma. Sin embargo, era completamente real. Me escribían para invitarme a participar en un programa de televisión porque habían encontrado mi perfil y creían que podía encajar en él.


Lo que más me sorprendió no fue solo la invitación, sino el tono del mensaje. En todo momento fueron muy educados y respetuosos, algo que también quiero reconocer.


El programa en cuestión es First Dates, un programa de citas que se emite en España en Mediaset, concretamente en Telecinco y en 4. Desde siempre había pensado que los participantes se presentaban por iniciativa propia, pero desde la propuesta comprendí que no siempre es así. Además de las personas que envían su solicitud para participar, existen equipos de casting que se dedican a buscar perfiles en las redes sociales. Su trabajo consiste en encontrar personas con características o historias que puedan resultar interesantes para el programa y captar la atención del público.


Ni siquiera me lo planteé.


Escena del prgrama de televisión First Dates


Nunca me han atraído ese tipo de programas y, además, no encajan con mi situación personal. Como sabéis, estoy casado y vivo mi bisexualidad en el ámbito de la intimidad, como muchos de vosotros. Por coherencia con mi vida y con la relación que he construido, participar en un programa de citas no tendría sentido.


Por eso les respondí agradeciéndoles que hubieran pensado en mí y el interés que habían mostrado. También les expliqué, con toda la educación posible, que ese formato no era para mí y que prefería no participar.


Agradecí el trato tan correcto que habían tenido conmigo, porque en todo momento fueron amables y respetuosos. Al fin y al cabo, hicieron su trabajo con una enorme profesionalidad. Simplemente entendí que era una propuesta que no iba conmigo y decidí declinar la invitación.

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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará

miércoles, 29 de julio de 2026

APRENDER A DEJARSE MIRAR


Hacía casi un año que no pasaba tanto tiempo en una playa nudista. Las últimas veces fueron un llegar, estar apenas media hora y salir casi a toda prisa. En esta ocasión hasta me llevé la silla con brazos para disfrutar sin pringarme de arena. Desde que regeneraron la playa, se cuela por todas partes y cuesta desprenderse de ella.




Sentado con las piernas estiradas, miraba a mi viejo amigo, el mar, y él me miraba a mí. Al cabo de un rato me adentré en sus brazos buscando sus caricias, cálidas y húmedas. Dejé que el agua abrazara mi cuerpo recorriéndome con sus dedos de agua una y otra vez, como si supieran dónde rozar para deshacer las tensiones que llevaba conmigo. Durante unos instantes solo existíamos él y yo.


Cuando el mar terminó de acariciarme, regresé despacio a la orilla, con la piel aún salada y el cuerpo envuelto en una calma difícil de explicar. Me dejé secar al sol. Ruborizado, le di la espalda a mi amigo para ver las dunas y la gente nueva que llegaba entre los palos que marcan el camino. Entonces ocurrió algo que, hace no tanto, me habría resultado imposible. Miré sin prisa a quienes compartían la playa conmigo. Hombres y mujeres. Cuerpos distintos, edades distintas, historias distintas. No buscaba comparar ni juzgar, simplemente contemplar. Y también me dejé mirar.




Alguna mirada se cruzó con la mía. Unas fueron fugaces, otras sostuvieron el instante apenas un segundo más. Yo, por costumbre, apartaba los ojos enseguida. No por vergüenza de estar desnudo, sino porque todavía estoy aprendiendo que dejarse mirar también es una forma de aceptarse.


La única conversación del día fue con un italiano cuya piel dibujaba más tonos rojizos que el propio atardecer. Solo quería saber la hora.


Tres horas más tarde, mientras recogía mis cosas comprendí que quizá eso era lo que el mar llevaba toda la tarde intentando enseñarme.


Él se deja contemplar sin pudor. Se ofrece inmenso, cambiante, vulnerable y fuerte al mismo tiempo. Y devuelve la mirada en cada ola mansa que muere sobre la orilla, como recordándonos que la desnudez no empieza cuando nos quitamos la ropa, sino cuando dejamos de escondernos de la mirada de los demás... y de la nuestra.

martes, 28 de julio de 2026

EL VÉRTIGO DE DAR UN PASO MÁS




Atardece. Es esa hora en la que el ruido baja y la cabeza se deja llevar por los colores de la tarde y el revoloteo de los pájaros que se acercan a beber a la fuente. Pienso, reflexiono, doy vueltas a las cosas... tal vez demasiadas. Incluso miro el horizonte a través de los prismáticos, buscando una señal, un punto de referencia que me recuerde cuál es el siguiente paso en este viaje.


Este verano se está removiendo algo en mí.


Dicen que vivimos un tiempo de cambios, de ser sinceros con nosotros mismos, de buscar nuestra verdad. Y, casi sin darme cuenta, este mes de julio me he encontrado haciéndome preguntas que creía resueltas. Intento distinguir qué nace del deseo y qué nace del miedo; qué responde a una necesidad real y qué es solo el vértigo de abandonar la zona conocida.


Hace unos días surgió una invitación inesperada: pasar una tarde en una piscina, practicar nudismo junto a otros hombres, compartir un espacio donde el cuerpo deja de ser un disfraz y se convierte, simplemente, en presencia. Algo que suelo hacer en la playa. Sobre el papel parecía una experiencia más dentro de este camino de descubrimiento. Sin embargo, en cuanto imaginé la posibilidad de decir «sí», el miedo volvió a sentarse a mi lado.


Hablo con personas que me atraen. Conversaciones que fluyen, complicidades que surgen casi sin buscarlas. Pero cuando aparece la posibilidad de dar un paso más, aparece también esa voz que pregunta si merece la pena. No es un miedo fácil de explicar. No sé si es miedo a cruzar un límite, a romper un equilibrio que tanto ha costado construir o, simplemente, a descubrir que la realidad no se parece a la fantasía.


Hay momentos en los que siento que este viaje, el de un hombre casado que decidió mirar de frente su bisexualidad, ha llegado a una encrucijada. No porque se haya terminado, sino porque empiezo a preguntarme si debo seguir recorriéndolo por el mismo camino o atreverme a abrir la puerta a nuevas sensaciones, nuevas experiencias y, quizá, nuevas formas de entenderme.


Quizá el reto no sea ir a esa piscina. Ni aceptar o rechazar una invitación. Quizá el verdadero reto sea entender por qué algo que deseo también me asusta. Qué parte de mí quiere avanzar y qué parte sigue necesitando protegerse.


No tengo respuestas cerradas. Y quizá ese sea precisamente el sentido de este blog. No contar un destino, sino compartir un camino. Un camino en el que descubrirse implica aceptar que uno cambia, que las certezas se mueven y que abrirse a nuevas posibilidades no significa renunciar a lo vivido, sino integrarlo en la persona que eres hoy.


¿Qué hacer? No lo sé todavía. Pero cada vez tengo más claro que la peor decisión sería dejar de escucharme por miedo a lo que pueda encontrar. Porque, al fin y al cabo, este viaje nunca ha consistido en llegar a un lugar, sino en atreverme a caminar con honestidad.


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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará

miércoles, 10 de junio de 2026

PUNTO FINAL A ESTE VIAJE...






Ha transcurrido prácticamente medio año de este difícil 2026 en el que la guerra en Oriente Próximo e Irán, junto a la corrupción y la polarización española, nos aturden a diario. Ello, sumado al trabajo, a los nuevos retos, ilusiones y proyectos que han ido ocupando la mayor parte de mi tiempo, me ha llevado a no escribir prácticamente ningún artículo o entrada en el blog.


Reconozco que durante estos meses he dudado en apearme definitivamente de este viaje. Pensé que quizá había llegado el momento de bajarme en una parada final. Sin embargo, después de reflexionarlo mucho, he decidido seguir viajando desde el silencio.


Si eliminara el blog, desaparecería también de las redes sociales y de los buscadores, y dejaría de estar disponible para personas a las que, como ha ocurrido hasta ahora, pueda servirles de ayuda, orientación o simplemente compañía. Porque cuando uno atraviesa determinadas situaciones relacionadas con la bisexualidad, sentirse acompañado y comprendido tiene un valor enorme.


También he notado otra ausencia, quizá más silenciosa que la mía. Con el paso del tiempo han dejado de llegar muchos de aquellos correos que antes recibía, las preguntas son cada vez menos frecuentes y los comentarios en las entradas se han vuelto escasos o nulos. A veces me pregunto si eso significa que este espacio ya cumplió la función para la que nació.


Durante un tiempo interpreté ese silencio como una señal de que quizá ya no resultaba tan útil como antes. Pero también es posible que muchas de las personas que llegaron aquí buscando respuestas encontraran las suyas y siguieran adelante con sus vidas. Quizá ya no necesitan escribir porque han dejado atrás las dudas que un día las trajeron hasta este rincón.


Sea cual sea la razón, me gusta pensar que este blog pudo acompañar a algunos de esos viajeros durante una parte importante de su recorrido.


Por eso seguirá aquí, aunque no publique. No será por falta de temas, experiencias o motivos sobre los que escribir. Simplemente, mi vida ha alcanzado un estado de equilibrio que durante mucho tiempo perseguí y que hoy ocupa el lugar que antes llenaban muchas de las inquietudes que dieron origen a este proyecto.


La bisexualidad sigue formando parte de mí, como siempre lo ha hecho, pero ya no representa un conflicto ni una búsqueda constante. Quizá ese sea uno de los mejores desenlaces posibles, llegar a un punto en el que uno puede vivir su realidad con naturalidad, sin necesidad de pensar en ella cada día.


Aquella desazón por descubrir, por encontrarse y por experimentar ha dado paso a la aceptación. A comprender que el amor no siempre entiende de etiquetas rígidas y que la libertad nace cuando dejamos de luchar contra lo que somos. Hoy sé que es posible amar, sentir y construir una vida plena sin renunciar a ninguna parte de uno mismo.


Tal vez por eso escribo menos. No porque haya dejado atrás la bisexualidad, sino porque he dejado atrás el conflicto. Y, en cierto modo, esa normalidad que durante años parecía tan lejana es ahora una de las mayores conquistas de mi vida.


No sé cuándo volveré a publicar. Tal vez sea pronto, tal vez tarde un poco más o tal vez no lo haga nunca. Lo que sí sé es que este espacio permanecerá abierto para quien llegue hasta aquí buscando respuestas, experiencias compartidas o simplemente la certeza de que no está solo. Como también estará abierto mi correo electrónico para mantener el contacto. Siempre formareis parte de mi vida, mis emociones, mis sentimientos y de mi corazón. 


Gracias a todos los que habéis leído, comentado y acompañado este blog durante estos años. Aunque a veces la ausencia sea larga, hay viajes que merecen seguir.

martes, 14 de abril de 2026

MÁS ALLÁ DE LOS RUMORES


Algunos me habéis preguntado por un libro que está causando más revuelo fuera de España que aquí, al menos por ahora. En él, el autor habla sobre la bisexualidad de un hombre muy importante. No pretendo entrar ni en el libro, ni en los personajes famosos que cita, ni en el autor. Sinceramente, creo que la vida privada de los demás merece respeto. Solo diré que no me sorprende: es un tema del que llevo oyendo desde mi época universitaria, allá por los ochenta del siglo pasado. Que uno ya tiene su edad.


Lo interesante, en realidad, es otra cosa.


La bisexualidad en los hombres es mucho más común de lo que parece, aunque durante mucho tiempo haya sido un tema del que apenas se hablaba. Y es bastante simple: un hombre puede sentirse atraído tanto por otros hombres como por mujeres. Sin más.


El problema viene con los mitos de siempre. Eso de que estamos confundidos o que es una fase… nada que ver. Es simplemente una forma de ser y de sentir, igual que para otros lo es ser hetero o gay.


Muchas veces no se cuenta abiertamente, no por falta de claridad, sino por respeto o por evitar juicios. Porque todavía hay quien lo ve como un “vicio” o algo que no entiende. Y eso, claro, complica las cosas y hace que a veces lleguen críticas desde distintos lados.


Por suerte, cada vez se habla más y con más naturalidad. Y eso ayuda. Entender que cada persona vive su sexualidad a su manera es clave para ir dejando atrás etiquetas y prejuicios.


Al final, todo es mucho más sencillo de lo que parece: se trata de sentir, de conectar y de querer a quien te nace, sin tener que encajar en una sola caja.


A mí me hace sentir libre. ¿Y a ti?


Generada por IA



DÍAS DE AGOSTO

Hay momentos en los que toca desconectar unos días, vaciarse por dentro y soltar todo aquello que pesa, lo malo, lo negativo.  La brisa del ...