miércoles, 9 de septiembre de 2026

MANOS ENTRELAZADAS


Hay momentos en los que la intimidad alcanza un lugar al que el sexo nunca puede llegar. Momentos en los que no hace falta desear el cuerpo del otro para sentirse profundamente unido a él, porque basta con su presencia, con un gesto, con el simple hecho de estar juntos.


Recuerdo una tarde en la que volvimos a vernos, apenas dos días después de nuestro encuentro apasionado. Aunque, pensándolo bien, nuestros encuentros siempre lo son. Me dijiste que estabas desganado, que te bastaba con la intimidad que habíamos compartido hacía dos días. Nos abrazamos y luego nos sentamos en el sofá de tu casa para ver una película, simplemente cogidos de la mano.



Cuando la película terminó, seguíamos con las manos entrelazadas. No había pasado nada extraordinario y, sin embargo, recuerdo sentirme como el hombre más feliz del mundo. Tú me dijiste que sentías lo mismo.


Aquella tarde entendí que la intimidad no siempre está en desnudarse, ni en el deseo, ni siquiera en tocarse. A veces está en poder estar junto a alguien sin necesitar nada más. Solo tú, yo, nuestras manos entrelazadas y esa sensación de estar exactamente donde quería estar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por compartir este viaje

MANOS ENTRELAZADAS

Hay momentos en los que la intimidad alcanza un lugar al que el sexo nunca puede llegar. Momentos en los que no hace falta desear el cuerpo ...