En las redes sociales parece que todo gira alrededor de la belleza, el cuerpo, la estética, las fotografías, la imagen que proyectamos. Queremos gustar, pertenecer y encajar, y muchas veces terminamos mostrando una versión de nosotros mismos pensada para los demás.
Pero los antiguos griegos tenían un concepto que siempre me ha fascinado, kalos kagathos, la unión de la belleza física con la belleza del alma, de la apariencia con la virtud.
Para los griegos, no bastaba con tener un cuerpo bello. También había que cultivar aquello que no se ve, la curiosidad, la sabiduría, la empatía, la justicia, la bondad y todas esas cualidades que hacen que una persona sea realmente valiosa.
Safo, Eurípides, Platón y Aristóteles, cada uno desde su perspectiva, reflexionaron sobre esa unión entre cuerpo y alma. Incluso muchos de sus mitos nos recuerdan que la belleza exterior, por sí sola, no garantiza la felicidad ni el amor verdadero.
Y quizá ese sea uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. Las redes sociales nos muestran continuamente lo que se ve, pero apenas dejan espacio para aquello que necesita tiempo para descubrirse.
El kalos kagathos nos recuerda que también debemos trabajar nuestra belleza interior. Porque el cuerpo cambia, envejece y deja de ser protagonista, pero aquello que hemos cultivado dentro de nosotros puede acompañarnos durante toda la vida.
Quizá nuestro verdadero viaje no consista únicamente en intentar vernos mejor, sino en intentar ser mejores.
Y eso, aunque no tenga filtros ni consiga tantos «me gusta», también merece ser mostrado.

Así es, las redes nos hacen que perdamos el sentido de la realidad, por ejemplo vemos un concierto a través de una pantalla en vez de disfrutar y sentir el momento. Y en cuanto a las personas nos dejamos guiar por el exterior por la imagen. Muy acertado como siempre.
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