sábado, 28 de marzo de 2015

Pintar de colores mi espacio



Pintar de colores mi espacio

Tantas nubes en el cielo, tan gris ha sido esta última semana que he decidido pintar mi mundo de colores. Ayer saque del maletín un spray para colorear mi espacio, mi vida. Para ello solo tuve que hacer una cosa, no pensar tanto para dejar que la vida me sorprenda. Me ayudo mucho un buen amigo, que con su sabia paciencia siempre está a mi lado.

En efecto, si tuviese que pintar el miedo con un color, sería el gris. Gris plomizo, pesado, ausente… Un gris que se muestra neutro, con una indiferencia doliente. Un gris que es sospecha, desconfianza, turbación, desasosiego. Un gris que es miedo a todo. ¡Bueno! a muchas cosas que me inquietan desde este lado. Entre ellas a caminar por la calle con un amigo, sentarme a charlar con él o darle un abrazo. Pienso que si lo hago, en ese instante se detiene la escena para que todos puedan mirarla con avidez para leer en mis ojos la verdad del momento. Que en aquel café que estamos tomando en una terraza con un caliente sol de primavera hay algo más que sueños e inquietudes.

Al pintar el momento con los colores de la placidez, he dado naturalidad a estar con un amigo hablando de situaciones que nos seducen. Me ha costado de entender que otra cosa es que esas situaciones acaben siendo una realidad.

Dicen que lo mejor de la vida nunca se planea, simplemente sucede. Mi vida nunca ha sido planeada, solo ha sucedido. Sin duda el balance es de lo mejor, extremadamente positivo. Seguiré dejando que suceda, solo así será excelente.

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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará inmediatamente



jueves, 26 de marzo de 2015

Naturaleza de corcho y sueños


Siempre que puedo salgo a pasear al monte. Sabéis que me encanta hacer senderismo, y si el tiempo acompaña practicar el nudismo impregnando mi piel del aroma de romeros, jaras o tomillos. Es entonces cuando me siento naturaleza. Y es que soy naturaleza.

Soy naturaleza bajo la sombra de los pinos, sentado desnudo en una roca o caminando rozándome con las silvestres plantas. Soy naturaleza hablando con el cielo, bailando con las nubes o hundiéndome en la tierra.

Esta tarde, donde estoy hundido es en un sillón de madera y cuero. Su tacto, su aroma, me ha recordado mi último camino por el monte, los sueños que encontré bajo un gran alcornoque al que habían desnudado de su corteza.

Aquella mañana hacía un sol de primavera que calentaba con ganas. Era recién estrenado este marzo que se ha vuelto frío y lluvioso. Quedé con un buen amigo para caminar por la sierra. Nos gusta el senderismo y quedamos siempre que podemos. Caminamos por abruptos senderos que nos llevaban en ascenso hasta lo alto de una loma. Pasamos pequeños regueros de agua donde los mosquitos querían hacernos suyos. Los espantábamos con la mano haciendo abanico. Hasta encontramos pequeños espacios que de seguro estaban habitados por gnomos, hadas y duendes, pues la magia brotaba de cada una de las hojas de árboles y arbustos. Casi dos horas tardamos en llegar, y aunque nuestros pasos eran dados bajo la sombra de los alcornoques, llegamos al claro sudados por el esfuerzo.

Nada más llegar, mi amigo se quita la sudada camiseta para ponerla a secar sobre un arbusto. Muy sutilmente me dice, como una secreta recomendación, que hiciera lo mismo, que no era bueno caminar tan sudados. Seguí sus indicaciones. Inmediatamente sentí como el sol acariciaba mi pecho sudado y caliente por la ascensión. Pero también note como la mirada de mi amigo se detenía más de lo que sería correcto, según como se mire, en mi. No era la primera vez que me veía así. Incluso en alguna de nuestras excursiones hemos acabado bañándonos desnudos en pozas o recónditas playas. Pero esta vez tuve la sensación de que me miraba distinto.




El lugar es como un sueño en el que la vista se pierde en valles de gran belleza. Verdes que vibraban de verde, moteados con flores que lo teñían de amarillo, blanco o rosa. Me sentí tan pleno que le pedí que me hiciese una foto sentado en la posición del loto, meditando para interiorizar tanta belleza, para que mi corazón la guardase como preciado tesoro.


Pero claro, no le dije que quería que me la hiciese desnudo. En un plis plas, me quite la ropa para situarme en la deseada posición. Así pase unos maravillosos minutos de meditación mientras que el buscaba un sitio donde comer a resguardo del sol.

Cuando volvió de su pequeña aventura, me vestí, acercándome hasta el. Seguimos hablando de la naturaleza y de las sensaciones que despertaba en nosotros, pero sus ojos brillaban como los de un niño. Se que es feliz en la montaña, que para el es como asomarse al cielo.


Me dirigió al sitio encontrado, y allí nos asentamos para comer animados por el entorno. Luego, nos tumbamos sobre la tierra bajo la sombra de aquel magnifico ejemplar de alcornoque al que ya le habían extraído el corcho de su tronco.




Nuestras mochilas ejercían de duras almohadas. Dormitaba mi amigo. Despierto a su lado, recordaba aquella mirada de hacía solo unas horas en lo alto de la montaña. Soñé con los ojos abiertos. Soñé con estar abrazados en el momento. Besando sus labios, fortalecidas las espadas, llenos de naturaleza.

Mis manos recorrían su desnudo cuerpo y las suyas el mío, despertando sensaciones nunca encontradas. Nuestros besos llenaron de temblores la tierra, llevando dentro semillas de vida.


Al despertar me sonrió mirando el reloj que marcaba la hora del descenso. Bajamos gozando de tan fecundo paisaje, sembrado de soledad y sueños, mirando los mazos de piedra donde antaño guardaban el corcho y los lejanos senderos que habían de hollar nuestros pies.




En la tarde, al despedirnos, me dio un abrazo y dos besos. Besos de amigo que a mi me despertaron del sueño. En una tarde de marzo, llena de sol y aromas de montaña, descubrí que soy naturaleza también con el amigo.

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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará inmediatamente







MANOS ENTRELAZADAS

Hay momentos en los que la intimidad alcanza un lugar al que el sexo nunca puede llegar. Momentos en los que no hace falta desear el cuerpo ...