Para un bloguero supone mucho que los amigos del
blog comenten, escriban o sugieran temas de los que hablar. Eso quiere decir
que está vivo, que lo que en sus entradas se comparte desde el interior
de una persona es de interés para otros muchos, o bien porque se sienten
identificados con lo que se dice, o bien porque se sienten atraídos por lo que
se ofrece.
A mi me encanta compartir con vosotros mis
sensaciones o las vuestras. Tener la certeza de que no estamos solos nos hace
fuertes, un poquito más sabios por lo que aprendemos de los otros, razonables y
también sensatos. Estar casados con una mujer a la que amamos y sentir el
anhelo del abrazo de un hombre no es fácil, pero ¡quien ha dicho que lo
fuese! Tampoco es un imposible desde el sosiego, el deseo y la prudencia.
En un comentario a una entrada del blog, Sagan
nos habla al respecto: “Todos llevamos dos "hijos" en nuestro
interior: el corazón y el cerebro. El primero, díscolo, ingobernable,
imprevisible, impulsivo, nos puede traer momentos sublimes de placer pero
también otros de dolor inconmensurable. El otro, el cerebro, es el reflexivo,
el racional, el prudente, el que intenta frenar al potro desbocado de su
hermano. Pero no siempre lo consigue y entonces...
...entonces, encontrar un lugar como éste y
saber que uno no está solo ante la forma que nos ha tocado en suerte de vivir
la propia sexualidad, alivia…”
Me gusta que aluda en sus palabras a la suerte
que nos ha tocado vivir. Pienso como él. Es cierto, que han pasado un par de
años hasta pensar que era una suerte. ¡Sí!, años llenos de desasosiego, temor,
vacío y desconcierto. Pero ahora, soy consciente que tengo la suerte de vivir
una vida en plenitud, sin complejos, ni valoraciones, ni etiquetas. Soy libre.
Libertad que intento aplicar a todas las facetas
de mi vida. He aprendido a no juzgar, a no interferir con mis opiniones en la
vida de otra persona, que, sin duda, ha obrado de determinada forma por querer
ser él mismo. En realidad, lo único que importa es que sea una persona honesta.
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| Viñeta de KURO, del blog Finofilipino |
Para ello es importantísimo que esos dos hijos
que son parte nuestra funcionen siempre unidos. Debemos evitar que luchen
entre ellos, que nos hagan caminar por la cuerda floja, o que siempre salga
dañado uno de ellos, el corazón. Dicen que lo ideal sería que tuviésemos el
corazón en la cabeza y el cerebro en el pecho, porque así pensaríamos con amor
y amaríamos con sabiduría. Que es lo que conseguimos si logramos que vivan
en plena armonía aportándoles paz, respeto, comprensión y mucha honestidad.

Está claro, que como todo hijo nos hacen pasar
buenos y malos momentos. Pero al final siempre prevalecen los buenos, y eso es
lo que debemos hacer, quedarnos con las buenas sensaciones, los momentos
mágicos que vivimos desde nuestra bisexualidad. Cada día descubro un motivo más
por sentirme feliz de serlo. Deseo que vosotros lo hayáis conseguido también, y
en caso de que estéis subidos en una montaña rusa de búsquedas e inquietudes,
debéis saber que estamos a vuestro lado para ayudaros a poner pie en tierra con
toda normalidad.
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