martes, 17 de septiembre de 2013

Comunicando con mis ángeles (10)





Hace mucho tiempo que no solicitaba la ayuda de un ángel. Así que le he pedido a uno de mis amigos más especiales que venga a echarnos una mano en esta doble vida que hemos de llevar con fuerza y dignidad. En realidad, a menudo nos sentimos apresados, encerrados en nuestro interior sin saber como salir. Es como si las paredes de la habitación se cayesen encima de nosotros estrechando el cerco de nuestra ansiada libertad.

En esa habitación que nos apresa hay un pequeño ventanuco por el que se ha colado un hermoso ángel de energía. Es joven porque ha de trabajar con mucho esfuerzo por nosotros, ya que parece que en estos momentos nos hace falta mucha energía para que podamos vivir con plenitud. Su mensaje nos dice que hemos de tener CONFIANZA, y nos insufla con su aleteo ENERGÍA POSITIVA.

Tened Confianza en nosotros mismos. Si nos mostramos seguros, indudables en lo que deseamos, los demás nos verán sin grietas, fornidos, impetuosos en nuestras ganas de vivir. Abre tu corazón, tu mente, a la positividad. Deja que tu vida se llene de ganas.

Te deseo lo mejor. Se feliz.


PD: Me encantaría saber quién o quiénes son los autores de las magníficas fotografías de ángeles que circulan en la red, así que, si alguno conoce la identidad de los fotógrafos, por favor, decídmelo. Gracias amigos. 


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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará inmediatamente




sábado, 14 de septiembre de 2013

¿Cerebro o corazón? mejor siempre unidos


Para un bloguero supone mucho que los amigos del blog comenten, escriban o sugieran temas de los que hablar. Eso quiere decir que está vivo, que lo que en sus entradas se comparte desde el interior de una persona es de interés para otros muchos, o bien porque se sienten identificados con lo que se dice, o bien porque se sienten atraídos por lo que se ofrece.


A mi me encanta compartir con vosotros mis sensaciones o las vuestras. Tener la certeza de que no estamos solos nos hace fuertes, un poquito más sabios por lo que aprendemos de los otros, razonables y también sensatos. Estar casados con una mujer a la que amamos y sentir el anhelo del abrazo de un hombre no es fácil, pero ¡quien ha dicho que lo fuese! Tampoco es un imposible desde el sosiego, el deseo y la prudencia.

En un comentario a una entrada del blog, Sagan nos habla al respecto: “Todos llevamos dos "hijos" en nuestro interior: el corazón y el cerebro. El primero, díscolo, ingobernable, imprevisible, impulsivo, nos puede traer momentos sublimes de placer pero también otros de dolor inconmensurable. El otro, el cerebro, es el reflexivo, el racional, el prudente, el que intenta frenar al potro desbocado de su hermano. Pero no siempre lo consigue y entonces...

...entonces, encontrar un lugar como éste y saber que uno no está solo ante la forma que nos ha tocado en suerte de vivir la propia sexualidad, alivia…”

Me gusta que aluda en sus palabras a la suerte que nos ha tocado vivir. Pienso como él. Es cierto, que han pasado un par de años hasta pensar que era una suerte. ¡Sí!, años llenos de desasosiego, temor, vacío y desconcierto. Pero ahora, soy consciente que tengo la suerte de vivir una vida en plenitud, sin complejos, ni valoraciones, ni etiquetas. Soy libre.

Libertad que intento aplicar a todas las facetas de mi vida. He aprendido a no juzgar, a no interferir con mis opiniones en la vida de otra persona, que, sin duda, ha obrado de determinada forma por querer ser él mismo. En realidad, lo único que importa es que sea una persona honesta.

Viñeta de KURO, del blog Finofilipino
Para ello es importantísimo que esos dos hijos que son parte nuestra funcionen siempre unidos. Debemos evitar que luchen entre ellos, que nos hagan caminar por la cuerda floja, o que siempre salga dañado uno de ellos, el corazón. Dicen que lo ideal sería que tuviésemos el corazón en la cabeza y el cerebro en el pecho, porque así pensaríamos con amor y amaríamos con sabiduría. Que es lo que conseguimos si logramos que vivan en plena armonía aportándoles paz, respeto, comprensión y mucha honestidad.



Está claro, que como todo hijo nos hacen pasar buenos y malos momentos. Pero al final siempre prevalecen los buenos, y eso es lo que debemos hacer, quedarnos con las buenas sensaciones, los momentos mágicos que vivimos desde nuestra bisexualidad. Cada día descubro un motivo más por sentirme feliz de serlo. Deseo que vosotros lo hayáis conseguido también, y en caso de que estéis subidos en una montaña rusa de búsquedas e inquietudes, debéis saber que estamos a vuestro lado para ayudaros a poner pie en tierra con toda normalidad.


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viernes, 13 de septiembre de 2013

Me gusta ser varón


Me gusta ser varón. Me encanta comportarme como un hombre, vestir con pantalones, ponerme una americana o llevar en la muñeca solamente un reloj. Me encanta ir de cañas con mis amigos, seguir con una cena solo de hombres y acabar tomando copas hasta animar con nuestras risas la noche. Me encanta ir a peluquerías de hombres donde se habla de lo mundano mientras te afeitan y cortan el pelo.


Me gusta ser el que conduzca en casa cuando vamos juntos, hacer las tareas de bricolage y cargar con las cosas más pesadas. Me gusta abrazar a mi mujer, caminar cogidos de la mano compartiendo todos nuestros deseos. Me gusta compartir con ella mi vida, abrir mi memoria cargada de gratos recuerdos para arrullar con ellos nuestro esperanzador futuro.

Me fascina tener un pene al que mimar en momentos de soledad, coquetear con mis testículos y acariciar mi pecho hasta erizar el vello que lo cubre. Me fascina el aroma de una mujer, besar su piel, mordisquear unos turgentes pechos, recorrer con mi lengua su lóbulo hasta mecerse en sus suaves labios. Me fascina perderme en su sonrisa vertical y hundirme en sus humedades con pasión y ganas hasta que me moje de placer.

Me gusta ser varón, y que también me encante, fascine, seduzca, el abrazo de otro hombre. 


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MANOS ENTRELAZADAS

Hay momentos en los que la intimidad alcanza un lugar al que el sexo nunca puede llegar. Momentos en los que no hace falta desear el cuerpo ...