jueves, 29 de octubre de 2015

Tu boca me cumple en esta noche de blancos desvarios

Hacía tiempo que no me sentía así. Quizás, son demasiados espacios sin sentir mi virilidad enhiesta en los labios de un amigo, tantos, que han generado que esta noche necesite placeres de cuerpo que yo mismo me prohibí. Hoy no quiero abrazos ni caricias, solo placer de hombres.

Necesito tu boca en mi sexo. Tus labios rodeando el glande, lamiendo su sonrosada piel en pequeños círculos, arrancándome gemidos de placer. Me gusta que detengas tu lengua en su boca, entrando en su interior. ¡Excitante!, tan placentero que parezco romperme en la intimidad de nuestros rostros.



Te apartas llevándote contigo unas liquidas gotas que son anuncio de que tu boca me sublima hasta lo más profundo. Los párpados bajados como señalando que absorbes lo mejor de mi para que forme parte de ti. Me siento como un dios llevado por tus labios al parnaso para que gocemos juntos de sus lujuriosas mieles.



Vuelves a acercarte aprisionando con avidez mi fuerza. Tus ojos me miran con tantas ganas, buscando el placer en los míos, que parecen convocar el frenesí de las alturas con la complicidad de nuestros márgenes. Con tu mano agarras mis testículos como queriendo retener los laureles que guardan en su interior.



Es entonces cuando me enajenas con la lengua que lame y juega, que relame, acaricia y repasa cada secuencia de piel. Enardeces mis sentidos con tanta placidez que mi excitación es cada vez mayor entre tus manos.



Ya se percibe el jadeo que anuncia la blancor del orgasmo. Exaltado de placer me ofreces tu boca para sembrar en ella la delicia del momento. Esta noche necesito tus labios para derramarme en espasmos que son goce de nuestro tiempo, el que habitamos desde los sueños.




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