Creo que una de las principales razones por las que muchos hombres bisexuales permanecemos en la invisibilidad es el miedo a decirlo en voz alta.
Miedo a cómo reaccionará la pareja, a lo que pensarán los amigos, a decepcionar a la familia o a que los demás empiecen a mirarte de otra manera. Miedo a que una parte de ti que hasta entonces habías mantenido en privado termine cambiando la imagen que los demás tienen de ti.
Porque una cosa es reconocer tu bisexualidad ante ti mismo y otra muy distinta es compartirla con los demás.
Dar ese paso puede suponer enfrentarse a preguntas incómodas, prejuicios y dudas sobre nuestra forma de entender las relaciones. Quizá temamos que nuestra pareja deje de confiar en nosotros, que nuestros amigos piensen que en realidad somos gays o que nuestra familia se pregunte si la vida que hemos llevado hasta entonces era una mentira.
Y, ante esa posibilidad, muchos preferimos guardar silencio. No necesariamente porque no sepamos quiénes somos, sino porque no sabemos qué consecuencias puede tener contarlo.
Creo que es importante distinguir entre aceptar quién eres y decidir con quién quieres compartirlo. No todos los hombres bisexuales que guardamos silencio estamos negando nuestra orientación. Algunos necesitan tiempo; otros preferimos mantener nuestra intimidad en privado. Y otros quizá tememos perder demasiado si hablamos abiertamente.
¿Qué tendría que cambiar? Quizá deberíamos empezar por dejar de asociar la bisexualidad con la confusión, la infidelidad o una etapa previa a la homosexualidad. Y, sobre todo, aprender a escuchar sin exigir pruebas ni explicaciones.
La bisexualidad masculina no deja de existir porque no la veamos, porque un hombre tenga pareja con una mujer o porque decida no hablar de su orientación.
A veces me pregunto cuántos hombres habrá a nuestro alrededor que sienten atracción por otros hombres y nunca lo han contado.
Me gustaría conocer vuestra opinión: ¿por qué creéis que tantos hombres bisexuales tenemos miedo de hablar abiertamente de nuestros sentimientos? ¿Habéis sentido alguna vez que teníais que ocultarla por miedo al rechazo?
Os sigo leyendo.
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