Cuando viene la tarde, y las
sombras suben, tu ausencia acecha mis pasos, arrastrándome a buscarte en las
sensaciones que se abren en la noche.
Son solo unos días sin que estés
aquí, sin que te sienta desnuda a mi lado, pero pesa la cama vacía y la
añoranza de tu dulce mirada que besa mi cuerpo tan sediento de ti.
Todo es vano. El viento, la
lluvia, el sol o el frío se vuelven insoportables de soledad. Todo se ha
convertido en deseo de amor.
Las mutaciones de tu rostro se
suceden en mi interior precipitando en mis manos el rumbo de tu vientre. Caen
en fuego empecinado, chispeando de placer hasta estallar en espermas que llenan
las blancas sábanas.
Dicen que el tiempo es fugaz, que
pasa tan rápido como un soplo. Yo no sé que pensar, pues en mi se señala pesado
y lento. ¿Será por qué todas las veces pienso en ti, en tu encendida
vuelta? Por ello vine aquí. Por ello tan
pronto como llega la noche miro al cielo, esperando impaciente ver una forma
humana punteada por millones de estrellas. Tu territorio de miel y olor a agua
fresca.
Una imagen que calienta mi
recuerdo, un recuerdo que nutre mi amor, un amor que resume mi vida.
Estoy hundido en la noche,
pensando en nuestro primer beso, la sutileza de tu piel y el placer de tu
blanco cuerpo. ¡Háblame desde la distancia con las palabras que nos unen en
profundo amor¡
Mirando al cielo tus palabras
llenas de amor se deslizan exaltadas buscando mi corazón.
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¡Que bonito es el amor...!
ResponderEliminarY que bonito también el verte tan feliz y enamorado, hombre.
Un abrazo