Dentro de mi existencia bulle el
tiempo de mi vida, el que habita conmigo desde que comencé a gestarme en el
vientre de mi madre. Un tiempo que me ha dado grandes momentos, intensos,
abandonados unos, solemnes otros, queridos los más. Momentos que me han rondado
hasta habitar apacibles en mi interior.

Son momentos que me han hecho
comprender, entender, discernir, razonar. Ahora se con más convencimiento que
quiero vivir mi libertad desde la libertad de lo vivido. Mi vida es mía, fruto de mis experiencias, de
mis decisiones, no de otros que quieren cambiarla según sus experiencias. Es
curioso, hace unos años, cuando descubrí mi bisexualidad en aquella maravillosa
playa de Almería, me enzarce en chats que llenaban horas y más horas de
descubrimientos y placeres encontrados hasta que quede con un buen amigo. Se
acercaba la cita, y yo no estaba seguro, así que llamé por teléfono para
cancelarla y mi mujer me oyó hacerlo desde la distancia. Al bajar a cenar me
dijo que teníamos que hablar. Sin gritos, ni rencores hablamos con libertad. Me
dijo que desde mi libertad disfrutase del placer de hombre, pues solo así
tendría libertad para elegir aquello que me hiciese feliz. Si era lo que yo
deseaba, ella se apartaría de mi vida, aunque me quisiese con toda su alma. Sus
palabras me emocionaron, confirmando algo que sabía desde el momento que la
conocí, que su esencia es grande como el cielo más grande.
Nunca podría imaginar que la
entrada anterior del blog fuese a causar opiniones tan dispares. No pretendo
abandonar nada que forma ya parte de mi vida. Pero si elegir desde mi libertad compartir la existencia con mi mujer. Los buenos amigos lo habéis entendido,
casados o sin casar, gays o bisexuales. Pero hay algunos que parecen no querer
aceptar mi decisión y se empeñan una y otra vez en decirme que la voy a dejar y
que cuando antes lo haga mejor para mí. Ellos vivieron ese momento porque son
felices al lado de un hombre, compartiendo su cuerpo y su tiempo. No es mi
caso, hasta ahora no he encontrado en ello la felicidad. Se que sus intenciones
son buenas, que en el fondo me trasmiten sus experiencias, que son eso, sus
experiencias, no las mías. Decía antes que es curioso, porque mi mujer me ofreció
todos los caminos posibles donde la opción de elegir solo era mía, en cambio
estos amigos solo me ofrecen un solo camino, el suyo, agotando de plano y desde
su insistencia todas las demás opciones.
El verdadero amigo, nunca intenta
influir en nuestras determinaciones, solo expone pros y contras para que
nosotros mismos tomemos decisiones en libertad. Ahora, en estos momentos soy
feliz con ella, quiero vivir mi libertad a su lado sin cadenas que me aten.
Por ello, quiero apartarme de
aquello que me convierte en esclavo de mi mismo o de otros. Entre esas redes
sociales no se encuentra este blog. Aquí he vuelto a encontrar la libertad que
un día creí perder acompañado de buenos amigos que comparten conmigo su propia
libertad.
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