Ayer pude pasear por la orilla de la playa acompasado por el bruñir de las olas. Era el primer paseo de la temporada, a las puertas de un verano que nos llega con las temperaturas un poco bajas.
Fue una tarde suave en pensamientos, con la mirada perdida en el amigo mar, compartiendo en desnudez la felicidad encontrada. El agua aún fría no invitaba a mojarse, tan solo a que acariciase los andantes pies.
Antes, sentado en la arena, ensimismado en mi interior, me habló un hombre joven que se acercaba a la orilla. Entabló conversación conmigo, preguntándome si no me atrevía a bañarme. La respuesta fue obvia, estaba fresquita aún el agua. El siguió hablando de sus cosas de pie, yo respondiendo casi sin ganas sobre la arena, mostrándome muy cerca una polla gorda y grande en su estado de reposo que de seguro hacía las delicias de más de uno.
Presentía sus intenciones, hasta que lo confirmó al preguntar si iba a Pinedo, una playa cercana también nudista, de bastante cancaneo gay. Al contestarle que prefiero la playa en la que estábamos, me respondió que él también, a lo que siguieron unas palabras que dejaron claras sus pretensiones. Dijo que en Pinedo hay más acción, y en La Garrofera más comedia. Aunque lo entendí, quise que lo aclarara, porque la comedia en dramaturgia está relacionada casi siempre con historias con final feliz. No me cabía duda que buscaba un final feliz al encuentro que provocó, pero no un final de esos rápido y frío (acción), más bien uno tranquilo y con tiempo para conocerse (comedia). Él no sabía cómo salir de aquella proposición, así que di un viraje rápido para ayudarle y evitar equívocos. Y eso, que el chico estaba bien formado en vistas.
Seguimos hablando un buen rato hasta que se despidió para bañarse. Más tarde, durante el paseo me recrimine por no levantarme, por no haber estado más suelto. No lo hice por no dar alas, aunque me gustase aquel atractivo hombre de mirada azul y buen porte.
Cuando voy a la playa nudista, lo último que busco es sexo. Lo único que busco, más bien necesito, es fundirme en desnudez con el entorno para encontrarme con el placer de ser. No hay mejor deleite en la vida, o al menos para mí.